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Mentiras y metáforas de la austeridad

In Economía, Política on 04/07/2013 by ars²socialis

En la actualidad, afortunadamente, el concepto de “austeridad” comienza a sufrir una erosión muy notable. Los resultados en la práctica de las políticas de austeridad no dejan lugar a dudas que estamos ante un desastre sin paliativos y que estas políticas son equivocadas. No solo la percepción generalizada va en ese sentido los datos y las investigaciones (como esta de Paul de Grauwe) van en la misma dirección.

Pero para mucha gente, la metáfora de la familia que se aprieta el cinturón y ahorrando sale de la crisis provocada por haberse endeudado demasiado sigue siendo más clara, mas comprensible, que los arcanos argumentos macroeconómicos de los Krugman, Stiglitz, Blanchard o Grauwe. Y es difícil explicar lo terriblemente errónea que es la austeridad entre la gente de la calle, por que intuitivamente, todos entendemos que la manera de salir de un agujero de deuda no es endeudarse más, sino gastar menos hasta que nuestros ingresos consigan pagar o reducir la deuda que hemos asumido. Y es muy difícil luchar contra intuiciones tan fuertes como estas.

Es por esto que propongo un cambio de metáfora, de la metáfora de la familia que se aprieta el cinturón a la metáfora del pequeño negocio.

Supongamos que tenemos un pequeño negocio, una zapatería, por ejemplo. Nos hemos endeudado mucho, por que hemos comprado género malo y ahora, no vendemos mucho y los acreedores (proveedores, bancos) nos muerden los talones: estamos en crisis. Tenemos que mejorar nuestros beneficios (ingresos menos gastos) para pagar la deuda y ante esta situación hay, a grandes rasgos, dos posibles opciones.

Opción 1) Podemos recortar la compra de género, el gasto en publicidad y empleados para que los gastos del mes se reduzcan. De esta manera, reduciremos los gastos.

Opción 2) Podemos apostar por lo contrario, pensar mejor las inversiones, y traer nuevo género, innovar, arriesgar, esperando aumentar nuestros ingresos.

En una situación de crisis, aparentemente la primera opción es mas intuitiva. Compramos menos, ahorramos y pagamos lo que debemos y ya está. Pero claro, si compramos menos… también vendemos menos y por tanto ingresamos menos, por que en un negocio los ingresos dependen, como en cualquier otro sitio, de la inversión que hagamos. Dicho en pocas palabras: considerar la inversión como un gasto, apostar por reducir exclusivamente los gastos en vez de aumentar los ingresos es un error que nos mete en un círculo vicioso. Al reducir ingresos por tener menos material, peor servicio y menos publicidad, los gastos fijos (la luz, el local, el teléfono) nos comen vivos y, de nuevo, tenemos que volver a comprar menos, lo que de nuevo hace que ganemos menos… Es, como veis un circulo vicioso muy similar a lo que estamos viviendo: recortamos estado de bienestar, despedimos funcionarios, deprimimos el consumo y los ingresos, en forma de impuestos, caen. Y de nuevo tenemos que recortar más y más y más.

¿Cual es la solución? La solución es arriesgar, apostar por el futuro, mejorar las inversiones, hacerlas más rentables y aumentar los ingresos. Si nos metimos en esto por que compramos demasiados zapatos “Latere”, que nos decían que eran una inversión segura, lo inteligente es no volver a invertir en “Latere”, intentar otras lineas de productos, otras vías, renovarse, innovar. Luego, por supuesto, hay mucho que hacer mejorando la productividad de los empleados, o reduciendo los gastos innecesarios. Pero todo eso será inútil si no apostamos por algo nuevo, si no invertimos para aumentar los ingresos. En efecto, de una crisis, de un problema, se sale invirtiendo, arriesgando, innovando, mejorando, no recortando.

Esta intuición es algo que no todo el mundo tiene pero sí mucha gente: en un negocio, si quieres salir del agujero, invierte y mejora, pero no recortes lo necesario. 

Y si esta regla tiene sentido en un negocio, en un país mucho más, pues sus ingresos dependen directamente de lo bien que le vaya a sus ciudadanos. Si un país recorta bienestar a sus ciudadanos, está recortando los ingresos del país. Es como si tuviésemos un negocio cuyos productos los compraran principalmente nuestros propios empleados. En un negocio así ¿que sentido tendría despedir gente o rebajarles el sueldo? Eso es, precisamente, lo que está haciendo la austeridad, rebajar el sueldo o despedir a los que pagan impuestos. El resultado para la recaudación del estado no se le escapa a nadie.

Quede claro que todo esto son simplificaciones y metáforas. Ni son exactas ni pretenden serlo. Pero ponen el acento en la importancia de no recortar lo fundamental si se quiere crecer. Volviendo a la metáfora de la familia, si quieres que tus hijos tengan un futuro, no sacas dinero para pagar a tus deudores recortando la comida de tus hijos hasta que se mueran de hambre, buscas un nuevo trabajo, buscas un trabajo mejor pagado, buscas aumentar tus ingresos, no recortas lo que no se puede recortar.

En resumen, como dice George Lakoff, las metáforas están cargadas de ideología. Ninguna metáfora es exacta, (de hecho, como dicen en Ciudad K, las metáforas son mentira). Eligiendo las metáforas elegimos los múltiples mensajes que se envían con ellas. Y si, pocas cosas han hecho más daño que la falaz metáfora de la familia que se aprieta el cinturón.

Porque es mentira.

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