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¿Primarias? Sí, si son abiertas y democráticas.

In Ciencia Política, Política on 09/04/2013 by ars²socialis

Comenzaremos duro. El principal déficit democrático que vivimos en España se puede resumir en una frase: la gente siente que no se le hace ni puñetero caso a lo que pide en esta situación económica desastrosa. 

El déficit democrático percibido es un problema del sistema de traslación de las demandas ciudadanas, de los inputs, a los outputs, las políticas. La ciudadanía no puede influir en las políticas ni en las candidaturas de los partidos que luego votará. La crítica al sistema electoral o a la falta de democracia esconde esta sencilla verdad: la gente que sufre con la crisis quiere soluciones y que se atienda a lo que demanda. Y ni aparecen soluciones ni se tiene en cuenta lo que piden.

Y ¿pueden las elecciones primarias abiertas a la ciudadanía solucionar esto? Quizá, por lo menos en la segunda parte.

Por de pronto, unas elecciones primarias abiertas y democráticas pueden servir para que los partidos presenten a las elecciones candidatas y candidatos que escuchen las demandas ciudadanas. Estas demandas entran en campaña de primarias, se trasladan a las candidaturas y, si estas no las recogen, pueden ganar las que si lo hagan. Con el sistema tradicional, los candidatos son, principalmente, los que conjugan una cierta proyección mediática (no muy elevada para no ser vistos como amenaza) con fuertes apoyos internos, acumulados a largo plazo. El candidato o candidata es aquel, principalmente, que no molesta a muchos, el fulcro, el punto de equilibrio de las varias familias y grupos, el que consigue ser la menor amenaza para la mayoría. No es la que más ilusiona a la ciudadanía ni el que más la escucha: es el o la que más tranquiliza al aparato, a aquellos que trabajan y viven en el día a día la política. Digamos que el sistema actual es un sistema de elección interno y premia al que es capaz de maniobrar y equilibrar: elige fontaneros. Las primarias, en cambio, premia a las y los candidatos que tienen proyección mediática, llegada entre la ciudadanía, miran hacia afuera principalmente y premian a la comunicadora y al líder, al que es capaz de escuchar y comunicar: elige comunicadores. Estos dos perfiles son necesarios en política (aquel que opine lo contrario no conoce el día a día), pero igual que es un error tener fugaces comunicadores sin un equipo con capacidad de equilibrar tensiones internas, es nefasto presentar una retahila de fontaneras y fontaneros incapaces de escuchar a la ciudadanía y representarla que se eternizan en el poder por que controlan el aparato como nadie. Poner como candidatas o candidatos a fontaneros es imponer mesas camillas: la gente percibe a esos “aparatos” como alejados de la ciudadanía, como insensibles a sus demandas y, en realidad, no se equivoca, pues sus objetivos, formación y trabajo se orientan hacia el partido, no hacia la gente. Son políticos para el partido, no para la ciudadanía.

En segundo lugar, pueden servir para renovar las élites. Aunque, en realidad, las primarias son tan buenas como el partido que las realiza, unas primarias abiertas y democráticas (ver abajo), siempre que haya más de una candidatura y estén abiertas a la ciudadanía, por muy controladas indirectamente que puedan estar, permiten una renovación de las élites mucho mas abierta que la renovación por cooptación, enfocada a la continuidad y a los equilibrios internos entre facciones del partido, que promueven una selección adversa. La cara opuesta, claro, es que las primarias generan tensiones fuertes dentro de los partidos en el aparato y este puede reaccionar negativamente ante un candidato o candidata al que no reconocen las estructuras de poder internas del partido. Pero es evidente que a pesar de todas sus limitaciones, un proceso así de selección de élites premia con más claridad las características que la ciudadanía demanda en las élites, como la empatía, la capacidad de atender demandas, la comunicación, la cercanía ideológica, la identificación…

En tercer lugar, pueden servir para definir el proyecto del partido. La elección de la candidata o candidato, siendo realistas, supone en muchos casos a la práctica la elección de una de las personas con más peso en el partido. No solo es la persona que gobierna en caso de ganar las elecciones sino que, además, tiene visibilidad mediática, marca posturas, prioriza y ejecuta las estrategias y actúa en el día a día. A la práctica, la ideología del partido se expresa a traves de la ideología de la candidata o candidato, de sus sesgos, sus miedos, sus valentías y sus creencias. El partido entero se ve teñido de su personalidad: alguien renovador y valiente, hara que su partido lo sea. Un alguien pactista, hará que su partido sea un partido pactista.  Quien crea que los documentos políticos tienen un poder taumatúrgico que moldea el devenir del partido, no ha participado nunca en una ejecutiva ni ha asistido a los debates sobre los documentos políticos. Y que demonios: ¿es útil o manejable en el día a día un documento de 1000 páginas? ¿alguien se lo lee integro, siquiera una vez, más allá de los que somos un poco frikis de la política? Por tanto, las primarias, de nuevo, permiten que sean elegidos candidatas o candidatos con programas concretos, determinan la ideología y el proyecto y lo determinan en un proceso en el que la militancia y la ciudadanía puede expresar sus preferencias. No hay comité de 300 sabios que sepan lo que es mejor para el partido: si no se es capaz de transmitir y convencer del proyecto, ese proyecto no será viable.

En cuarto lugar, pueden servir para dar visibilidad mediática a las y los candidatos nuevos. En efecto, si las primarias son democráticas, la competición, el contraste de ideas, los debates públicos, las demandas ciudadanas… todo eso genera atención mediática, atención de la ciudadania que se interesa por el proceso. En la práctica, por supuesto, los más interesados son los militantes, pero la gente cercana al partido, al final, también muestra su interés. Y ese interés y visibilidad son realmente muy útiles a la hora de lanzar nuevas candidaturas, nuevas ideas, nuevas propuestas o ganar unas elecciones.

En quinto lugar, pueden servir para desbloquear búnkeres. Las primarias democráticas, por depender de un voto directo, secreto, en urna, sobre cerrado, cabina y demás, permiten cuestionar determinadas estructuras sociales de los partidos que pueden ser invulnerables a la crítica abierta en el aparato. Es claro que este es uno de los principales motivos de la resistencia de las elites a las primarias. Saben que, en el cuerpo a cuerpo y el día a día, gana el que tiene la capacidad de maniobrar con los contactos adecuados, pero en unas primarias, gana el que convence a una mayoría que vota en secreto.  En cualquier caso, cuando en un partido aparecen este tipo de sectores que se bunkerizan y se bloquean, la representatividad del partido sufre enormemente y la dinámica y las energías acaban girando, exclusivamente, alrededor de una guerra de trincheras en la que nadie gana o pierde. Este tipo de guerras pueden durar décadas y los cambios, cuando se producen,  son escasos o no son cambios: para ganar, mucha gente se ha quedado en el camino y se han tenido que adoptar las mismas tácticas que las y los oponentes, socializando a generaciones enteras de militantes en prácticas destructivas y poco edificantes como la laminación del discrepante, el “con nosotros o con ellos”, la selección adversa de elites, el apoyo a aquellos más obedientes, la maniobra, el cálculo continuo y un largo etc. Aunque las primarias no son mágicas y muchas de estas dinámicas son difíciles de limitar pues son intrínsecas a la política, las primarias abiertas introducen aire fresco, pueden romper dinámicas muy cerradas con factores que nadie puede controlar directamente, factores de apertura a la ciudadanía.

Pero ¿qué características requieren una primarias para que sean abiertas y democráticas? A mi juicio personal, para que unas primarias sean democráticas y abiertas se requieren, al menos, siete características.

1) Recursos equivalentes entre las candidaturas. Mismo acceso a medios, espacios, canales de comunicación y censos. Los argumentos que se utilizan para negar el acceso al censo son hipócritas y ocultan que el censo es la principal herramienta para promover una candidatura.

2) Voto secreto. Si el voto no es secreto, hay presiones, influencias, listas negras, favores… El voto debe ser en sobre cerrado, con cabina, papeletas del mismo color y diseño.

3) Debate público. Se requieren un mínimo de 3 debates públicos. Sin estos debates la militancia y la ciudadanía no pueden informarse y opinar. La falta de debates bloquea la posibilidad de que surjan candidaturas novedosas y alternativas.

4) Más de un candidato. Unas primarias en las que no se puede elegir votando a a más de un candidato, no son unas primarias democráticas, son una designación del aparato.

5) Tiempos garantizados. Debe haber un tiempo mínimo de 3 meses para los distintos plazos y la campaña electoral debe ser amplia (al menos un mes). Estos tiempos no pueden depender del aparato.

6) Eliminación, limitación o reducción de los avales. Los avales son una herramienta no democrática porque no son secretos, sirven para generar listas negras y listas de afines, se consiguen presionando a la gente, cobrando (y concediendo) favores, solo el aparato (y su candidato/a) tiene acceso al censo para conseguir los avales, pueden servir para eliminar al oponente, por la via de recoger los avales que el o ella podría conseguir, no están abiertos a la ciudadanía y si se requiere un porcentaje elevado se hace imposible acceder a la carrera electoral de las primarias a cualquier candidato que no tenga el apoyo del aparato. Las alternativas son pedir un número de avales limitado (3%) y hacer doble vuelta o un proceso gradual (carrera de primarias) en la que los candidatos necesitan acumular apoyos y se vayan cayendo (como en EEUU).

7) Abiertos a la ciudadanía. Las primarias, si no están abiertas a la ciudadanía, no sirven para trasladar la voluntad democrática de la ciudadanía al partido.

Si se cumplen estas características, las primarias abiertas democráticas pueden ayudar a resolver el problema del cerrado de los partidos a las demandas de la ciudadanía a la vez que fomentan la renovación interna y promueven un enfoque externo, de liderazgo, frente a la fontanería, frente a la primacía de los equilibrios internos.

Por supuesto, en la práctica, ninguna institución es mágica. Los aparatos y la estructuras de poder se adaptan a los cambios y las dinámicas del interés y la lucha por el poder, son intrínsecas a la política, imposibles de desterrar. Pero al final del día, las instituciones pueden lograr mejoras: la ciudadanía tiene así canales de influencia más claros, puede decidir sus candidatos, estos se ven obligados a recoger temas y propuestas con más claridad y, en resumen, avanzamos hacia un sistema con menos controles directos por parte de grupos de élites y, por tanto, un sistema algo más democrático.

En conclusión. ¿Primarias? Sí, si las hacemos bien, si hacemos primarias abiertas y democráticas. Hacer “primarias” que no cumplan los siete puntos que indico pueden, al final, acabar siendo solo una coartada para que sigan tomando las decisiones las élites sin escuchar a la ciudadanía ni a la militancia.

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