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Dos ideas breves para la izquierda.

In Igualdad,Política on 04/21/2013 por ars²socialis

Hace unos días, Roger Senserrich planteó en Eldiario.es cuatro puntos básicos para la izquierda.

Yo sere más breve. Propongo dos: Más democracia y más igualdad.

Más democracia: más transparencia, más participación de la ciudadanía en los procesos de toma de decisiones, más democracia interna en los partidos, mas democracia a nivel europeo, econonomía al servicio del demos, reforma de las instituciones europeas, especialmente el BCE. Partidos europeos para una democracia europea. Más parlamento, menos consejo de la UE.

Más igualdad: más redistribución de la riqueza, más impuestos a los que más tienen, inversiones para fomentar el empleo de los que no lo tienen, igualdad efectiva ante la ley, que paguen los que tienen que pagar, que entren en la carcel los que tienen que entrar, eliminación de los privilegios de los pocos, aumento de los derechos de los muchos. Justicia. Estado del bienestar europeo garante de la igualdad. Fuera la austeridad.

Este es mi proyecto para la izquierda: más democracia, más igualdad.

Tan sencillo como eso: Más democracia, más igualdad.

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¿Igualdad de oportunidades o igualdad real?

In Igualdad,Política on 01/07/2013 por ars²socialis

Ayer tuve un pequeño debate por email con una compañera del Movimiento por la Escuela Pública, Laica y Gratuita sobre el concepto de igualdad. Todo surgió alrededor de una referencia a la igualdad como uno de los valores fundamentales que garantiza la educación. Me planteo si no era mas correcto hablar de “igualdad de oportunidades” que de “igualdad” a secas y nada, yo que le llevaba dando vueltas a este tema un tiempo, le solte una soberana chapa.
Releyendo lo que le escribí (a veces argumentar y escribir fija como no hace ninguna otra cosa tus pensamientos) me surgió la necesidad de escribir algo sobre la igualdad así que aquí me pongo.
Antes de nada, perogrullo. El concepto de igualdad es un concepto muy complejo y discutido. Es uno de los conceptos básicos de la ciencia política incluso antes de que existiera como tal. Ya los griegos y romanos discutían sobre la libertad y la igualdad (Cicerón las consideraba dos caras de la misma moneda), pero no pretendo hacer aquí una regresión histórica del concepto. Si, en cambio, os puedo recomendar un libro que hace precisamente eso. El libro se llama “La sociedad de los iguales” de Pierre Rosanvallon y es altamente recomendable en ese aspecto de revisión histórica del concepto, aunque no acabe de rematar con su propuesta alternativa.
Para empezar con la igualdad, decir que el debate es amplio por que cada uno de nosotros habla de cosas diferentes cuando hablamos de igualdad. Esto es así por que la igualdad puede ser de diversas formas en su puesta en práctica (de partida o inicial, de resultados o final) o en los temas que aborda (igualdad legal, igualdad social, igualdad económica, igualdad de trato, igualdad educativa). Para terminar, es muy importante notar que en la mayoría de los temas (salvo quizá la igualdad legal) cuando hablamos de igualdad no hablamos de igualdad en el sentido matemático, igualdad absoluta, equivalencia total… sino mas bien una tendencia, una similitud, una equivalencia, una aspiración. Cuando decimos que queremos igualdad entre hombres y mujeres nadie quiere que tengamos exactamente los mismos trabajos repartidos de la misma exacta manera y que los hombres se queden embarazados: todo eso es irreal y absurdo y esta reducción al absurdo de la igualdad, caricaturizándola como  uniformidad, es algo que se suele utilizar a menudo para desacreditar su búsqueda, arguyendo que promoverla elimina la meritocracia o que, simplemente, es imposible o indeseable alcanzarla.
Luego, es claro que en un concepto normativo como la igualdad, hay preferencias. En mi caso, mi preferencia es hacia la igualdad final, de resultados. Sirve de bien poco dar igualdad ante la ley si, al juzgar, el resultado final beneficia reiteradamente a un colectivo, sea por prejuicios de los jueces, mas recursos económicos y legales, o lo que sea. Lo que me interesa es que haya igualdad real, final, igualdad real y efectiva, no basta con algo inicial, nominal.
Este asunto es fundamental y en el esta la base de mi crítica al concepto de igualdad de “oportunidades”. La igualdad final pretende que, al final, las personas sean mas iguales, tengan similares recursos, los mismos derechos o equivalentes, el mismo poder, en suma. Esto es, al final, lo que creo que resume el valor positivo de la igualdad: pretender que las personas tengan, todas, el mismo poder o, por lo menos poder similar. Como decía Jean Jacques Rousseau, “La verdadera igualdad no reside en el hecho de que la riqueza sea absolutamente la misma para todos, sino que ningún ciudadano sea tan rico como para poder comprar a otro y que no sea tan pobre como para verse forzado a venderse. Esta igualdad, se dice, no puede existir en la práctica. Pero si el abuso es inevitable, ¿quiere eso decir que hemos de renunciar forzosamente a regularlo?”
Es importante entender también qué requiere, por tanto, la igualdad. Si definimos la igualdad, la verdadera igualdad, como un resultado, como algo final, entenderemos que una acción concreta en un momento concreto no puede ser suficiente para alcanzarla. La igualdad real es una tarea constante: a cada momento, las estructuras y dinámicas sociales, el azar, las organizaciones y las personas, actúan para desequilibrar las cosas, actúan para buscar reproducir las desigualdades existentes, crear otras nuevas, infligen enfermedad o infortunio, buscan el poder, la “ventaja competitiva sostenible”, la riqueza… Digamos que en ausencia de una lucha constante contra ella, hay una tendencia hacia la desigualdad, hacia su reproducción y hacia su aumento. El paro, la enfermedad, la pobreza… todo eso son situaciones en las que se puede caer, en cualquier momento, que están más allá del control del individuo. Es por eso que luchar contra la desigualdad no es una tarea que finalice con una acción o garantizando una oportunidad. Es una tarea continua, persistente, insistente, que ha de evaluar la situación y los mecanismos que producen desigualdad, para reducirla y limitarla lo más posible, garantizando derechos, mas que oportunidades. Garantizar la igualdad no solo requiere ofrecer condiciones iniciales objetivamente iguales o, incluso, adaptadas a los individuos, requiere redistribución y requiere derechos. Requiere, como apuntaba Marx, “a cada uno según su necesidad y de cada uno según su posibilidad”, que se de a cada uno lo que necesite y se requiera a cada uno según pueda aportar al común social. Por tanto, la igualdad es una tarea continua.
Teniendo en cuenta todo esto y yendo al corazón de lo que es, para mi, la igualdad, me gustaría definirla, apoyándome en Weber (poder es la probabilidad de que un actor dentro de un sistema social esté en posición de realizar su propio deseo a pesar de las resistencias) y Dahl (A tiene el poder sobre B en cuanto pueda lograr que B haga algo que B no haría de otra manera), como una aspiración a una igualdad final de poder, una igualdad real y efectiva. Aspiración, por que es un deseo, una utopía, un trabajo continuo. Igualdad final, de resultados, por que la igualdad es real y efectiva o no es igualdad. Igualdad de poder, por que el poder resume la economía, la discriminación social, las desigualdades físicas y un largo etc. Igualdad de poder, igualdad de poder hacer lo que quieres hacer, igualdad (o por lo menos no una desigualdad insoportable) entre tu poder y el poder de otros. Vamos, la ya citada frase de Rousseau  lo deja claro: que nadie pueda hacerte esclavo y que tu no puedas hacer esclavo a nadie.
[Es interesante notar que este concepto de igualdad de poder, de capacidad de hacer (similar a como lo define Amartya Sen, que lo define de manera bastante mas restrictiva como “igualdad de capacidad”) puede ser interpretado también desde la libertad (igual libertad de hacer), lo que atestigua la estrecha relación entre los conceptos de igualdad y libertad. Igualdad de poder es igualdad en la libertad de hacer, misma libertad para todos de poder hacer lo que desean, al no estar sometidos al poder de nadie, todos tienen la misma libertad y por tanto igualdad. Eso sí, el problema de priorizar la libertad para llegar a esta igualdad de poder, hacerlo desde la libertad en vez de la igualdad es que, al final, se promueve el poder del individuo y genera lo contrario de lo que busca: genera más libertad para unos pocos, pero menos para la mayoría. Pero no nos desviemos.]
Una vez tenemos claro qué es la igualdad (aspiración a una igualdad final de poder), aclaremos que es la tan traída y llevada “igualdad de oportunidades”. Hay que empezar diciendo que la “igualdad de oportunidades” es un concepto liberal, de derechas. Aunque esto sorprenda a muchos, es cierto: en EEUU, los republicanos defienden que ellos apoyan la igualdad de oportunidades, pero no la “igualdad de resultados”. Hay que entender por qué esto es así: Dentro del concepto de igualdad de oportunidades, cabe la desigualdad de resultados e, incluso, es justificable. Del revés, dentro del concepto de igualdad, entendido como igualdad final de poder, igualdad real y efectiva, la desigualdad de resultados, final, es simplemente indeseable, imposible. Por tanto, la derecha, que es consciente de que la “igualdad de oportunidades” en realidad, no exige la igualdad real, está dispuesta a apoyar y asumir este concepto de igualdad al ser un concepto reducido, castrado, limitado. O dicho de manera más simple, la igualdad de oportunidades (igualdad inicial) es una condición necesaria de la verdadera igualdad, la igualdad real y efectiva, pero no suficiente. No es suficiente con ofrecer las mismas “oportunidades” a la población, en un momento puntual (por ejemplo, en la educación, o en una oposición) y pretender, así, que ya hay igualdad. La igualdad debe ser final, o sea, un trabajo continuo de redistribución, en la búsqueda de más justicia social: al final, en el resultado, debemos tener una sociedad más igualitaria, una sociedad con menores desigualdades.
Pero ¿que es la igualdad de “oportunidades”? En realidad, no está claro y no lo está por que el termino “oportunidades” es un termino bastante ambiguo, inconcreto, abierto a la interpretación oportunista (nunca mejor dicho). La RAE define “oportunidades” como “Sazón, coyuntura, conveniencia de tiempo y de lugar.” Hay también quien intepreta las oportunidades como “posibilidades”. Como vemos, es difícil concretar qué es la “oportunidad”. ¿Es una posibilidad que se ofrece? ¿Es un momento o lugar concreto, que permite algo? No es claro. Entre los partidos políticos, hay por lo menos dos interpretaciónes de las “oportunidades”, una extensiva, que pretende plantear una igualdad de múltiples oportunidades como suficientes y otra interpretación mas restrictiva, que plantea las oportunidades como “coyunturas, como conveniencias de tiempo y de lugar”, como acciones concretas que abren puertas en momentos vitales discretos, concretos, puntuales.
En la primera interpretación, una interpretación extensa de la igualdad de oportunidades, garantizar esa igualdad de oportunidades pretendería garantizar que todos tuviesen las mismas oportunidades para tener vidas similares, por la vía de ofrecer herramientas y recursos, según la necesidad de cada uno. Para ello, se utilizaría principalmente la formación, que lograría que todas y todos pudiesen, en función de su esfuerzo y mérito, (meritocracia), alcanzar la riqueza o mejorar la clase social. Es importante notar que este planteamiento no cuestiona la existencia de la desigualdad final y que, de hecho, aunque parezca contraintuitivo, la legitima: si la desigualdad se produce tras que haya habido igualdad de oportunidades, esa desigualdad esta justificada por la mala cabeza o falta de esfuerzo de aquellos que no aprovecharon sus oportunidades, omitiendo elementos como la mala suerte o en muchos casos, aspectos sociológicos estructurales: en la sociedad actual, quedar en el paro no depende de uno mismo. En cualquier caso, no es una igualdad final, continua, es una igualdad inicial, en momentos concretos, especialmente en la juventud. Incluso la interpretación más extensiva de la igualdad de oportunidades, manejada en los partidos de izquierda socialdemócratas, una igualdad de múltiples oportunidades, una oferta reiterada de “oportunidades” al individuo, está circunscrita normalmente al ámbito educativo. Pero desde este planteamiento (recordemos, el más extenso) de la igualdad de oportunidades, la redistribución o reequilibrio posterior de la desigualdad producida por el no aprovechamiento de las oportunidades o la simple mala suerte, no es una exigencia. Aunque si cabe la intervención para proporcionar mismas oportunidades y esta se hace, normalmente, vía la redistribución (via impuestos), la intervención redistributiva final no esta mandatada dentro del concepto: recordemos que se buscan la mismas oportunidades, no el mismo resultado. La consecuencia de este enfoque es que la izquierda, inadvertidamente, abandona el concepto de redistribución y de igualdad real, en los hechos, en la práctica. Se apuesta por generar condiciones que favorezcan la igualdad, si, pero se renuncia a intervenir contra la desigualdad que ya se ha producido. Es una batalla desigual: mientras que las fuerzas de la desigualdad actuan en todo momento, antes y después, la izquierda socialdemócrata que asume la “igualdad de oportunidades” y por tanto se compromete a intervenir solo al principio y, luego, si hay desigualdad, esta se asume inevitable. Es de este suelo ideológico de donde surgen afirmaciones, ya trágicas, como la de que “bajar los impuestos son de izquierdas”: si la redistribución no es deseable ni prioritaria, si, como apuntan algunos hay que generar las condiciones (igualdad inicial), o “hay que intervenir en el gasto, pero no en la recaudación” (justicia distributiva, no redistributiva), el resultado es que la desigualdad real, la de poder, la efectiva, se reproduce y crece. Podemos decir, sin miedo alguno que la apuesta por la igualdad de oportunidades es una opción estratégica de la derecha que ha funcionado muy bien, pues ha logrado debilitar muchísimo a la izquierda, al no encontrar suelo firme sobre su valor fundamental, la igualdad. Al aceptar una versión rebajada, de la igualdad,  la igualdad de oportunidades, cuestionamos implícitamente los impuestos redistributivos y el objetivo fundamental de la izquierda, la justicia social y la igualdad real.
Y si esta interpretación extensiva esconde aspectos negativos, la interpretación más liberal, más procedimental de la igualdad de oportunidades sirve, principalmente, para legitimar la desigualdad y el mercado. En esta interpretación, las oportunidades son simplemente momentos, coyunturas, conveniencias de tiempo y lugar en un sentido estricto. La igualdad de oportunidades estaría, así, cercana a la igualdad legal: se ofrecen las mismas oportunidades, la misma formación, los mismos exámenes, las mismas pruebas, a toda la población. No hay interés en el reequilibrio, ni siquiera en la justicia distributiva, la igualdad inicial: basta con dar lo mismo a todos los niños, formarles de manera similar y que todos tengan las mismas oportunidades para aprobar e ir a la universidad. Asi interpretado, es un concepto profundamente elitista que no solo legitima la desigualdad final (todos tuvieron las mismas oportunidades), sino que niega la intervención educativa personalizada en la búsqueda de reequilibrar la situación de partida de todos los niños, niega la igualdad inicial. O dicho de otra manera: dentro del concepto de “igualdad de oportunidades” cabe, perfectamente, una interpretación restrictiva de la igualdad, de hecho, directamente contraria a la igualdad real y efectiva, una interpretación que legitima no solo la desigualdad final sino la desigualdad inicial.
No se si habrá otras interpretaciones de la “igualdad de oportunidades” pero creo que estas dos son las más extendidas, la primera entre los partidos socialdemócratas y la segunda entre los partidos liberales (de derechas) y, como vemos, ambas interpretaciones dejan claro varias cosas:
1) Que la igualdad de oportunidades no incluye redistribución posterior y continua.
2) Que la igualdad de oportunidades es (o tiende a ser) discreta, en momentos puntuales, sobre todo al principio.
3) Que la igualdad de oportunidades permite, sin incoherencia, una desigualdad real y efectiva posterior, permanente: no le preocupa la desigualdad final.
4) Que la igualdad de oportunidades, de hecho, legitima la desigualdad posterior de los que no “aprovecharon” sus oportunidades.
O dicho de otra manera, dentro del concepto de “Igualdad de oportunidades” no cabe, no puede estar incluida, la igualdad real y efectiva. En efecto, sin redistribución posterior, sin acción reiterada (y no solo discreta) y legitimando desde las “oportunidades” la desigualdad, no se puede lograr la verdadera igualdad, esa aspiración a una igualdad final de poder. Por tanto, la igualdad de oportunidades, no incluye la igualdad real, pero, del revés, la igualdad si incluye la mayor parte de aspectos de la igualdad de oportunidades. De hecho, se puede afirmar que la igualdad de oportunidades, como también la igualdad legal, son condiciones necesarias, pero no suficientes, para alcanzar una verdadera igualdad. Si las personas no tienen las mismas oportunidades educativas o el mismo trato ante la ley, la igualdad es imposible, pero garantizar estas igualdades no basta.  Además de garantizar igualdad de trato, legal o de oportunidades, se requiere que exista redistribución de la riqueza y el poder, para evitar que la desigualdad se enquiste y crezca. En resumen, la igualdad de oportunidades es un caso particular de la igualdad, necesario, pero no suficiente, para la igualdad real y efectiva.
En conclusión, creo que es evidente la trampa conceptual que gran parte de la izquierda ha asumido, por querer presentar como más vendible la igualdad. Debido a la incapacidad de defender un concepto fuerte de igualdad como por ejemplo esa aspiración a la igualdad final de poder que propongo, la izquierda ha asumido un concepto limitado que, en el fondo legitima la desigualdad. No se puede haber cometido error estratégico mayor. Sin un concepto fuerte como base real de la izquierda, un concepto que incluya distribución y redistribución, la izquierda pierde los impuestos, pierde el estado en favor del mercado y pierde la necesidad de defender la igualdad final, encogida entre la legitimación que las oportunidades ofrecen.
Hay que repensar la igualdad. Comencemos ya.

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¿Cui Bono?

In Igualdad,Política on 07/23/2012 por ars²socialis

Ante una situación compleja, ante un crimen que no se puede resolver, ya Cicerón aconsejaba buscar al beneficiario del crimen. ¿Cui bono? ¿Cui Prodest? ¿Quien gana con el crimen? Busquemos quien gana  con esta estafa, con este crimen que llaman crisis y encontraremos a sus responsables, por acción u omisión, a los que han creado las condiciones, a los que quieren que se mantengan porque ganan, día a día, con esta situación.

¿Cui bono? ¿Quién gana?

Para hablar de ganadores en España, debemos empezar por los bancos (que no las cajas).  Las entidades bancarias, principales beneficiarias de la burbuja inmobiliaria, no solo han logrado durante la crisis acabar con la competencia de las cajas (a las que temían por que podían comprar acciones de bancos), sino que han obtenido financiación y rescates por parte del estado. Es cierto que se han aumentando las exigencias de liquidez a los bancos y eso ha hecho disminuir los beneficios en 2010 y 2011, pero las cifras, siguen mareando (8290 millones de € de beneficio) y, en caso de perdida, el estado esta ahí para rescatarlas como en el caso de Bankia.

En segundo lugar las grandes empresas. Durante la crisis, han logrado una clara degradación de la legislación laboral, que beneficia sus intereses. En efecto, la reforma laboral permite la reducción de salarios, el despido con mayor libertad, pasando de 40 a 33 dias, limitando las bajas por enfermedad, habilitando el despido procedente en caso de caída (o futura caída) de los beneficios y un largo rosario de barbaridades que hace, a día de hoy, que los empresarios puedan despedir y recontratar a la gente por una porción de su sueldo. Es una estrategia deliberada y se conoce como “devaluación interna“: bajar sueldos y subir impuestos para, teóricamente, ganar competitividad sin devaluar la moneda. Además, el tipo impositivo efectivo en las grandes empresas sigue siendo uno de los más bajos de Europa: la maraña de deducciones y chiringuitos hace que paguen mucho menos que cualquier persona física, alrededor del 10%. Y si nos fijamos en qué grandes empresas ganan más (50.000m€ en 2011, un 22% más), las grandes eléctricas se llevan la palma: mientras aumenta salvajemente el precio de la luz (70%), las eléctricas aseguran estar perdiendo dinero y afirman que el estado les debe 24000 millones de € en un “déficit tarifario”, que no deja de aumentar y que, por cierto, está transferido a los bancos.
Pero podríamos afinar más. Ni siquiera son las grandes empresas o los bancos los ganadores, sino sus dueños, o, más bien, los altos directivos. Solo durante este último año de la crisis los grandes directivos del IBEX han ganado un 5% más. Una subida de sueldo, en plena crisis: la cosa va viento en popa para este puñado de afortunados que ganan de media 7,5 millones de euros anuales, 30 veces el sueldo del político mejor pagado del país (María Dolores de Cospedal) y 750 veces el SMI. ¿A alguien le sorprende que no quieran cambiar nada? Sí, las ventas se hunden, sus bancos reducen beneficios, pero ellos ganan más que nunca. El precio de las acciones en el IBEX es la única amenaza: ante la primera compra de una gran empresa o banco español, saltarán todas las alarmas, pero por ahora, ellos siguen ganando. Más posibilidades de negocio degradando los derechos laboralessubidas de impuestos que no les afectan directamente (el IVA lo paga el usuario final),  fondos de inversión que siguen funcionando, los paraísos fiscales no se han tocado, la deuda de sus bancos la asume el estado, se promueve una amnistía fiscal a los que pueden defraudar y no hay impuesto para grandes fortunas. Son los ganadores netos de esta crisis, pues su poder y riqueza, crecen, de manera neta y comparativa.
Si analizamos el entorno internacional, en una Europa que se hunde en la crisis, hay quien flota encima de nosotros. No es un secreto que hay países que ven como sus bonos país disminuyen mientras los nuestros aumentan. O dicho de otra forma: que hay países que se financian mas barato por que nosotros nos financiamos mas caro. Es el caso de Alemania, por ejemplo, principal defensora de las políticas de austeridad (para el sur) que, de nuevo, le benefician. Alemania no desea inflación (que devalue sus prestamos) ni quiere eurobonos (que harían mas cara su financiación) ni quiere intervención del BCE (que evitaría la presión sobre el sur). Alemania, que aporta 9229 millones de € a la UE y se ahorra 10.000m€ en bonos país por la especulación actual, se siente harta de poner dinero, pero en realidad es ganadora neta: las políticas económicas de la eurozona son las que benefician a Alemania y a sus bancos, a costa del sur. Que para Alemania es muy rentable pertenecer a la UE no lo digo yo: según Sigmar Gabriel , líder del SPD, Alemania ha ganado con la UE 556.000 millones de €. En realidad, la estrategia de forzar rescates país sirve, principalmente, para que los países del sur asuman la deuda de sus sistemas financieros que, a su vez, deben dinero a los bancos alemanes que, a su vez, compran deuda alemana. Puesto de manera simple: Alemania transfiere su deuda y la deuda de sus bancos hacia los países del sur, a través del control del BCE, de los rescates y de las políticas del eurogrupo.
Estos son los ganadores netos: Bancos, banqueros, grandes empresas, ejecutivos y Alemania. En un momento de hundimiento, todos ellos se mantienen o mejoran, sobre las espaldas de una mayoría de la población. Si analizásemos esto desde la clase podríamos asegurar que, en efecto, los ricos se hacen mas ricos y los pobres mas pobres, como podemos ver en varios artículos, pero es importante detallar quienes son esos ricos y quienes esos pobres.
¿Cui malo? ¿Quién pierde?
Resumidamente, pierden los mas pobres, sean países o colectivos.
En primer lugar, pierden los países del sur. No hace falta exponer las cifras de paro, la disminución de los derechos sociales, la bajada del PIB o el deterioro de sus democracias intervenidas para que esto sea evidente.
En segundo lugar, pierden los mas pobres. El recorte en educación o sanidad, así como la subida del IVA afecta, principalmente, a los mas pobres. La retirada del subsidio de 400€ a parados de larga duración, va en la misma dirección, así como la reforma laboral. Las perdidas, las encabezan los mas pobres en efectos sobre su calidad de vida, su salud, su economía.
En tercer lugar, pierde la clase media. Los recortes en desempleo, sanidad y educación, así como el IVA les afectan directamente también a ellos sobre todo por que el paro se ceba también en estas clases. Los funcionarios, muchos de clase media, ven como sus ingresos se reducen en un 19,9% tras sucesivos recortes. Los autónomos sufren una crisis de ventas salvaje y se les aumentan las cotizaciones a la seguridad social. Y lo mas importante, la subida del IRPF, aunque progresiva, afecta principalmente a la clase media, no a las clases altas que tienen capacidad de eludir impuestos de manera masiva y legal.
Curiosamente, hay un grupo difuso, que incluye gente de diversas clases, principalmente de clase media, los políticos, que pese al discurso dominante, han perdido también durante esta crisis. Durante la crisis, se han reducido un 36% las subvenciones a partidos políticos (en dos tandas del 20%). El sueldo de los parlamentarios, que no dejan de ser unos privilegiados, se ha reducido de manera similar al de los funcionarios. Para terminar, se ha decidido recortar un 30% de concejales (90% de los cuales no cobraba sueldo) y los discursos sobre la eliminación de instituciones políticas y políticos se multiplican. Si analizamos su capacidad de intervención, su relevancia, su poder, comprobamos que los presupuestos decrecientes, los discursos antipóliticos, las intervenciones desde Europa y la globalización, han reducido drásticamente el poder de los políticos nacionales. No se puede decir, en ningún caso, que los políticos de alto nivel vivan mal, pero si que como grupo, los políticos han empeorado. Se podrá argumentar que tienen muchos privilegios o que hay que reducir su poder, pero no que ganen con la crisis: es obvio que la crisis les esta perjudicando y ahora tienen menos dinero y sobre todo, menos poder.
En el caso de los sindicatos, sucede algo similar: recortes del 36% de las subvenciones y reducción de liberados sindicales, por no hablar de que la reforma laboral les elimina de la negociación colectiva en muchos casos. De nuevo, menos dinero y menos relevancia, como grupo.
Resumiendo: los principales ganadores de la crisis son, por este orden, los directivos de grandes empresas y bancos, Alemania, los bancos y las grandes empresas, especialmente en España, las grandes eléctricas.
Los perdedores, la clase baja, la clase media y también, si, los políticos y los sindicatos: los datos están ahí.Volvemos al principio. ¿Cui bono? ¿Quién tenia poder para producir, voluntaria o involuntariamente, esta crisis, esta burbuja inmobiliaria y financiera? ¿Quién se beneficia de ella? ¿Quién tiene los recursos para aumentar su poder y riqueza en estos momentos?
Los que provocaron la crisis con la burbuja inmobiliaria, los derivados financieros y la arquitectura del euro, los que se benefician de la crisis, ganan. ¿Cuándo vamos a ser capaces de reclamar, con fuerza, a los poderes del estado, que limiten el poder de las grandes empresas, de los banqueros, que introduzcan impuestos que les afecten, que se redistribuya la riqueza, que se cambie la estructura institucional de Europa para que un país no pueda imponer su beneficio particular?
Centrar el debate en quienes ganan es necesario, ya que nos permite saber qué se tiene que hacer para redistribuir y quiénes son los que no quieren cambiar una situación por que les beneficia.
Si siguen ganando a nuestra costa ¿por qué van a hacer que termine la fiesta?

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¿Por qué igualdad?

In Igualdad on 04/12/2011 por ars²socialis

El señor MonEsVil, en los comentarios de la anterior noticia ha lanzado una pregunta bastante interesante, uno de los clásicos de la ciencia social ¿por que la igualdad? Reproduzco aquí la pregunta:

Tu comentario me lleva a otra consideración, quizás más provocadora que sentida. ¿Por qué es la igualdad un bien per se? Hay igualdades que son muy necesarias desde mi punto de vista: la igualdad ante la ley, la igualdad en dignidad y en derechos. Pero no toda igualdad es necesaria o, incluso, beneficiosa. Los seres humanos variamos mucho físicamente (como dice una profesora mía, «algunos son altos y rubios; otros nacemos bajitos y con menos pelo») y a nadie se le ocurriría, hoy por hoy, que esa sea una desigualdad perniciosa o que deba cambiarse. Por tanto, no es la desigualdad entre el uno por ciento más rico y el noventa y nueve restante lo que me preocupa, sino que el noventa y nueve tenga medios suficientes para alimentarse, vestirse y realizarse como personas: sin contar con qué abismal diferencia les separe del 1%.

Y no, no  es mala pregunta. :)

Parto de que estoy hablando de igualdad efectiva, economica y social. Esto es, que como sociedad no haya grandes diferencias en recursos economicos y sociales, en funcion de la clase, raza, genero, orientacion sexual, identidad de género etc.

No es por envidia, como habitualmente plantean los liberales, por lo que se defiende desde la izquierda que la igualdad es deseable per se. Hay diversas consideraciones que hacen que la desigualdad acabe siendo negativa no solo para las personas que la sufren, sino para la sociedad en su conjunto, amen de insostenible a medio y largo plazo.

En primer lugar, la ciencia (epidemiológica, en este caso) dice que la desigualdad es negativa para las personas. No solo la pobreza, sino la desigualdad en si misma, como muestran Richard Wilkinson y Kate Pickett en “The Spirit Level”, un estudio citado por Zygmunt Bauman, que busca correlaciones entre desigualdad interna en los paises ricos y diversos indicadores, como esperanza de vida, problemas sociales y de salud, peor bienestar en los niños e incluso mayor tasa de presos . No son los únicos que apuntan en esta dirección. Hace unos años oí a Vincenç Navarro  en Salamanca apuntar algo similar.

Esperanza de vida y desigualdad en Inglaterra y Gales, de "The Spirit Level"

En segundo lugar, la ciencia política dice que la desigualdad en recursos es negativa per se tambien, básicamente por que acumular recursos económicos implica al final acumular recursos políticos, capacidad de influencia e intervencion social. Cuanta mayor desigualdad económica, mayor desigualdad política y mayor diferencia de poder. Y cuanta mayor diferencia de poder, mas se agrava ésta, pues las leyes se hacen sin tener en cuenta la opinión e intereses de los menos poderosos. Es un proceso cíclico y pernicioso que, además, genera inestabilidad política.

En tercer lugar, la ética política (por lo menos la mía), dice que la desigualdad final, mas alla de la desigualdad de oportunidades, es intolerable moralmene por que la desigualdad y la ventaja en una sociedad estructuralmente desigual, con escasa movilidad social, no estan determinadas por el mérito y la capacidad, sino por estructuras sociales complejas y por la suerte. O dicho de otra forma: en conjunto, ni los pobres se merecen ser pobres ni los ricos se merecen ser ricos, no hay hechos objetivos de merito y/o capacidad que lo justifiquen y, por tanto, dicha riqueza o pobreza, al no depender de méritos del individuo, no premia a los mejores o los que mas se esfuerzan, ni benefician o incentivan que se trabaje por el bien de la sociedad en conjunto. Si los ricos lo fuesen por que enriquecen a todo el mundo, podriamos tener dudas. Pero el hecho es que no son ricos por eso, lo son, en general, por herencia familiar o por suerte: su papel lo podria cumplir igual o mejor, en general, cualquier persona que nació pobre.

Phlippe Pettit y Antonio Estella durante la cena en la Jaime Vera, en el Máster de Liderazgo en la Gestión PolíticaBueno, en cualquier caso, este no es un tema como para cerrar así. Es evidente que se necesitan más estudios, más datos y más argumentos, pero mi formación política y académica me predispone en esta dirección: creo que la desigualdad no es buena, no beneficia a la sociedad ni a la mayoría de individuos y, por tanto, debemos intervenir para reducirla y limitarla. ¿Cual es el límite? Eso es otro tema, interesante de por si. Recordemos que como decia Cicerón, la igualdad y la libertad son dos caras de la misma moneda. La frase no es mía, es de Philip Pettit, este fin de semana, en la Jaime Vera. :) La comparto.

Si, a veces es fácil apostar por los valores y muy difícil encontrar los equilibrios. ¿Conseguiremos poner la moneda del bienesta social de canto, en equilibrio entre igualdad y libertad? Habra que verlo pero sospecho que a día de hoy, desafortunadamente, nos hemos desplazado demasiado hacia una libertad que genera desigualdad, una libertad para unos pocos en realidad. Por que cuando se prioriza la libertad, al final esta acaba beneficiando sólo a aquellos que pueden defender su propia libertad.

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Para el TFM: Liberalismo e Igualdad

In Ciencia Política,Igualdad on 04/03/2011 por ars²socialis

Parte del trabajo del máster de Ciencia Política de la Usal es realizar un trabajo politico comparativo de unas 40 paginas, como trabajo de fin de máster (TFM). Estuve dándole vueltas a que tema escoger, debatiéndome entre investigar el proceso de difusión del matrimonio homosexual en el mundo o en cambio, centrarme en algo que actualmente me tiene muy preocupado, la economía y el sistema politico actual. Al final, me decante por esto último.

Asi pues, la investigación que voy a hacer será sobre la relacion entre el liberalismo como ideología y practica política, y la igualdad efectiva, utilizando América latina como casos de comparación. Mi definición de liberalismo (tal como se entiende en Europa) asume que es aquella ideología, política, valor, o gobierno que es individualista, favorable a la reducción del estado y que no tiene como objetivo eliminar la desigualdad final, le es indiferente, aunque tampoco tenga por que actuar activamente, en principio, para aumentar la desigualdad. Como es lógico, por tanto, mi hipótesis de trabajo es que un mayor liberalismo, conlleva una mayor desigualdad, o dicho de otra forma, los paises mas liberales, que tienen valores, gobiernos y politicas mas liberales, tenderán a tener una mayor desigualdad.

La investigación, en principio, creo que es original. Si, es cierto que hay muchisimas investigaciones sobre liberalismo e igualdad, pero no he visto ninguna que de manera explicita intente vincular ambas cosas, salvo quizá algunas investigaciones de think tanks liberales estadounidenses, como el Cato institute o la Heritage Foundation, que tienden a tener una visión muy positiva y pro liberal.

A ver en que queda la cosa.

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Descripción de la idea de investigacion

Objetivo de la investigacion:

Ver si existe una relacion entre el liberalismo y la desigualdad.

Pregunta de investigación:

¿El liberalismo obstaculiza o favorece la desigualdad en América Latina?

Hipótesis

Un mayor grado de liberalismo favorece el aumento o el mantenimiento de la desigualdad.

Variables:

Variable Dependiente: Igualdad. Entendida como igualdad efectiva, final, tanto económica como social, no igualdad de derechos en el papel. Mirare Gini para la económica y otros indicadores similares para la social (genero, etnica, orientacion sexual…)

Variable Independiente: Liberalismo. Es dificil de operacionalizar. Parto de mi definicion de liberalismo y la divido en cuatro dimensiones, I Dimension ideológica-cultural, II Politicas publicas, III Ejecutiva,  IV Administrativa. Tengo que buscar los indicadores de cada una de estas dimensiones, a ver.

Metodologia:

Triple. Metodología cualitativa comparativa (QCA) entre los paises de América Latina, Comparativa cualitativa a traves del Método de la semejanza (MDS) y el Método de la diferencia (MSS) entre grupos reducidos de paises latinoamericanos. Para terminar, Metodología Cuantitativa de análisis bivariado y si puedo, análisis de regresion.

Datos:

Secundarios, de organismos internacionales.