Articles

Maribel y Sandra

In LGTB, Uncategorized on 08/27/2014 by ars²socialis

Maribel es una mujer lesbiana. No es una mujer rica, tampoco vive en Madrid o en Barcelona. No lo ha tenido fácil en su vida, al contrario. Lo ha tenido muy difícil por ser lesbiana, por querer fundar una familia, por tener un hijo no biológico y querer que la ley reconociese algo tan básico como su maternidad.

Campaña Maribel

No se cuando ni como salió del armario Maribel, pero sí se que ha salido del armario. Lo se porque trabajé con ella en una campaña para recaudar fondos, para obtener recursos  para su batalla judicial por su hijo, pero también por abrir paso a otras mujeres bisexuales o lesbianas, que están ya detrás, que demandan que se las reconozca como madres aunque no lo sean biológicamente y a parejas de gays o bisexuales que no son padres biológicos pero quieren la filiación de sus hijos. La suya es una batalla personal pero también colectiva, por muchas personas que, en un futuro, no sabrán por qué o como, ellas y ellos tienen esos derechos, pensarán que ellas y ellos no son lesbianas, o transexuales, o gays, o bisexuales, que son personas, que la igualdad es algo incuestionable.

Pero no es incuestionable. Hoy en día, si eres mujer lesbiana o bisexual y madre no biológica, la ley no te reconoce la filiación de tu hijo. Si tienes un hijo con tu pareja, el proceso de inscripción no es automático, ni mucho menos, cuando si hay mujer y varón, si. Y a día de hoy, si eres lesbiana, bisexual sin varón o mujer sola, el estado no te paga la inseminación artificial pero si eres una mujer heterosexual con varón, sí.

Maribel da la cara, de manera literal, en la campaña y en las infinitas entrevistas y declaraciones que ha dado. Yo he visto y oído a Maribel llorar, llorar de impotencia, por verse abrumada, sin dinero, arruinada, todo por dar la batalla, por su hijo, pero también por todas y todos nosotros, Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales, por todas las minorías, por la disidencia afectiva sexual.

Maribel no tiene glamour. No es de clase media alta, ni es presentadora de televisión. Vive en Toledo. Es una profesional que trata de salir adelante mientras lucha. Es de esas personas que tienen todo que perder, pero aún así, pelean, sin agachar la rodilla a tierra, contra todo y contra todos, por lo que cree justo, por su hijo y por nosotros, por nuestra igualdad. Maribel es un ejemplo vivo de dignidad, de esas personas justas sobre las que se construye la igualdad.

Entiendo que haya gente que salga en el armario en televisión y tenga miedo. Entiendo que su discurso sea contrario a las identidades, a las etiquetas. Entiendo que el miedo, esa terrible cadena, es libre incluso con las presentadoras de telecinco. Entiendo a Sandra. Yo también estuve ahí, tembloroso, solo, siempre estás solo, saliendo del armario con mi entonces amigo Jorge Coto, diciéndole por primera vez a alguien que era gay, sin atreverme a utilizar esa palabra. Entiendo bien los miedos y sentimientos de Sandra y por eso no la culpo.

Pero existiendo ejemplos como el de Maribel no puedo admirarla. Y si a alguien que, teniéndolo todo en contra y nada en el bolsillo, ha peleado por su hijo y por abrirnos camino. A alguien que ha trabajado desde el activismo, que ha logrado, con su lucha, la primera sentencia del Supremo en la que se reconoce a una mujer, lesbiana o bisexual, la filiación con su hijo no biológico, algo que, muy posiblemente, todas y todos podremos utilizar en el futuro.

Sobre gente normal como Maribel, que se identifica con valentía, sale del armario y no se rinde contra la discriminación, se construye la libertad que todos disfrutamos y la igualdad real y efectiva de la que gozamos. Sobre gente como Maribel, con gente como la mayoría de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales que trabajan por la visibilidad en el día a día, avanzamos. Es a ellas, es a ellos, ejemplos de vida, a los que debemos nuestro éxito y nuestros avances como colectivo. Es a ellas y a ellos a los que les debemos, los que somos más afortunados, nuestro trabajo y apoyo.

Si queréis saber más del caso de Maribel, toda la información la podéis ver aquí:  http://esmihijosoysumadre.blogspot.com/

Articles

¿Primarias? Sí, si son abiertas y democráticas.

In Ciencia Política, Política on 09/04/2013 by ars²socialis

Comenzaremos duro. El principal déficit democrático que vivimos en España se puede resumir en una frase: la gente siente que no se le hace ni puñetero caso a lo que pide en esta situación económica desastrosa. 

El déficit democrático percibido es un problema del sistema de traslación de las demandas ciudadanas, de los inputs, a los outputs, las políticas. La ciudadanía no puede influir en las políticas ni en las candidaturas de los partidos que luego votará. La crítica al sistema electoral o a la falta de democracia esconde esta sencilla verdad: la gente que sufre con la crisis quiere soluciones y que se atienda a lo que demanda. Y ni aparecen soluciones ni se tiene en cuenta lo que piden.

Y ¿pueden las elecciones primarias abiertas a la ciudadanía solucionar esto? Quizá, por lo menos en la segunda parte.

Por de pronto, unas elecciones primarias abiertas y democráticas pueden servir para que los partidos presenten a las elecciones candidatas y candidatos que escuchen las demandas ciudadanas. Estas demandas entran en campaña de primarias, se trasladan a las candidaturas y, si estas no las recogen, pueden ganar las que si lo hagan. Con el sistema tradicional, los candidatos son, principalmente, los que conjugan una cierta proyección mediática (no muy elevada para no ser vistos como amenaza) con fuertes apoyos internos, acumulados a largo plazo. El candidato o candidata es aquel, principalmente, que no molesta a muchos, el fulcro, el punto de equilibrio de las varias familias y grupos, el que consigue ser la menor amenaza para la mayoría. No es la que más ilusiona a la ciudadanía ni el que más la escucha: es el o la que más tranquiliza al aparato, a aquellos que trabajan y viven en el día a día la política. Digamos que el sistema actual es un sistema de elección interno y premia al que es capaz de maniobrar y equilibrar: elige fontaneros. Las primarias, en cambio, premia a las y los candidatos que tienen proyección mediática, llegada entre la ciudadanía, miran hacia afuera principalmente y premian a la comunicadora y al líder, al que es capaz de escuchar y comunicar: elige comunicadores. Estos dos perfiles son necesarios en política (aquel que opine lo contrario no conoce el día a día), pero igual que es un error tener fugaces comunicadores sin un equipo con capacidad de equilibrar tensiones internas, es nefasto presentar una retahila de fontaneras y fontaneros incapaces de escuchar a la ciudadanía y representarla que se eternizan en el poder por que controlan el aparato como nadie. Poner como candidatas o candidatos a fontaneros es imponer mesas camillas: la gente percibe a esos “aparatos” como alejados de la ciudadanía, como insensibles a sus demandas y, en realidad, no se equivoca, pues sus objetivos, formación y trabajo se orientan hacia el partido, no hacia la gente. Son políticos para el partido, no para la ciudadanía.

En segundo lugar, pueden servir para renovar las élites. Aunque, en realidad, las primarias son tan buenas como el partido que las realiza, unas primarias abiertas y democráticas (ver abajo), siempre que haya más de una candidatura y estén abiertas a la ciudadanía, por muy controladas indirectamente que puedan estar, permiten una renovación de las élites mucho mas abierta que la renovación por cooptación, enfocada a la continuidad y a los equilibrios internos entre facciones del partido, que promueven una selección adversa. La cara opuesta, claro, es que las primarias generan tensiones fuertes dentro de los partidos en el aparato y este puede reaccionar negativamente ante un candidato o candidata al que no reconocen las estructuras de poder internas del partido. Pero es evidente que a pesar de todas sus limitaciones, un proceso así de selección de élites premia con más claridad las características que la ciudadanía demanda en las élites, como la empatía, la capacidad de atender demandas, la comunicación, la cercanía ideológica, la identificación…

En tercer lugar, pueden servir para definir el proyecto del partido. La elección de la candidata o candidato, siendo realistas, supone en muchos casos a la práctica la elección de una de las personas con más peso en el partido. No solo es la persona que gobierna en caso de ganar las elecciones sino que, además, tiene visibilidad mediática, marca posturas, prioriza y ejecuta las estrategias y actúa en el día a día. A la práctica, la ideología del partido se expresa a traves de la ideología de la candidata o candidato, de sus sesgos, sus miedos, sus valentías y sus creencias. El partido entero se ve teñido de su personalidad: alguien renovador y valiente, hara que su partido lo sea. Un alguien pactista, hará que su partido sea un partido pactista.  Quien crea que los documentos políticos tienen un poder taumatúrgico que moldea el devenir del partido, no ha participado nunca en una ejecutiva ni ha asistido a los debates sobre los documentos políticos. Y que demonios: ¿es útil o manejable en el día a día un documento de 1000 páginas? ¿alguien se lo lee integro, siquiera una vez, más allá de los que somos un poco frikis de la política? Por tanto, las primarias, de nuevo, permiten que sean elegidos candidatas o candidatos con programas concretos, determinan la ideología y el proyecto y lo determinan en un proceso en el que la militancia y la ciudadanía puede expresar sus preferencias. No hay comité de 300 sabios que sepan lo que es mejor para el partido: si no se es capaz de transmitir y convencer del proyecto, ese proyecto no será viable.

En cuarto lugar, pueden servir para dar visibilidad mediática a las y los candidatos nuevos. En efecto, si las primarias son democráticas, la competición, el contraste de ideas, los debates públicos, las demandas ciudadanas… todo eso genera atención mediática, atención de la ciudadania que se interesa por el proceso. En la práctica, por supuesto, los más interesados son los militantes, pero la gente cercana al partido, al final, también muestra su interés. Y ese interés y visibilidad son realmente muy útiles a la hora de lanzar nuevas candidaturas, nuevas ideas, nuevas propuestas o ganar unas elecciones.

En quinto lugar, pueden servir para desbloquear búnkeres. Las primarias democráticas, por depender de un voto directo, secreto, en urna, sobre cerrado, cabina y demás, permiten cuestionar determinadas estructuras sociales de los partidos que pueden ser invulnerables a la crítica abierta en el aparato. Es claro que este es uno de los principales motivos de la resistencia de las elites a las primarias. Saben que, en el cuerpo a cuerpo y el día a día, gana el que tiene la capacidad de maniobrar con los contactos adecuados, pero en unas primarias, gana el que convence a una mayoría que vota en secreto.  En cualquier caso, cuando en un partido aparecen este tipo de sectores que se bunkerizan y se bloquean, la representatividad del partido sufre enormemente y la dinámica y las energías acaban girando, exclusivamente, alrededor de una guerra de trincheras en la que nadie gana o pierde. Este tipo de guerras pueden durar décadas y los cambios, cuando se producen,  son escasos o no son cambios: para ganar, mucha gente se ha quedado en el camino y se han tenido que adoptar las mismas tácticas que las y los oponentes, socializando a generaciones enteras de militantes en prácticas destructivas y poco edificantes como la laminación del discrepante, el “con nosotros o con ellos”, la selección adversa de elites, el apoyo a aquellos más obedientes, la maniobra, el cálculo continuo y un largo etc. Aunque las primarias no son mágicas y muchas de estas dinámicas son difíciles de limitar pues son intrínsecas a la política, las primarias abiertas introducen aire fresco, pueden romper dinámicas muy cerradas con factores que nadie puede controlar directamente, factores de apertura a la ciudadanía.

Pero ¿qué características requieren una primarias para que sean abiertas y democráticas? A mi juicio personal, para que unas primarias sean democráticas y abiertas se requieren, al menos, siete características.

1) Recursos equivalentes entre las candidaturas. Mismo acceso a medios, espacios, canales de comunicación y censos. Los argumentos que se utilizan para negar el acceso al censo son hipócritas y ocultan que el censo es la principal herramienta para promover una candidatura.

2) Voto secreto. Si el voto no es secreto, hay presiones, influencias, listas negras, favores… El voto debe ser en sobre cerrado, con cabina, papeletas del mismo color y diseño.

3) Debate público. Se requieren un mínimo de 3 debates públicos. Sin estos debates la militancia y la ciudadanía no pueden informarse y opinar. La falta de debates bloquea la posibilidad de que surjan candidaturas novedosas y alternativas.

4) Más de un candidato. Unas primarias en las que no se puede elegir votando a a más de un candidato, no son unas primarias democráticas, son una designación del aparato.

5) Tiempos garantizados. Debe haber un tiempo mínimo de 3 meses para los distintos plazos y la campaña electoral debe ser amplia (al menos un mes). Estos tiempos no pueden depender del aparato.

6) Eliminación, limitación o reducción de los avales. Los avales son una herramienta no democrática porque no son secretos, sirven para generar listas negras y listas de afines, se consiguen presionando a la gente, cobrando (y concediendo) favores, solo el aparato (y su candidato/a) tiene acceso al censo para conseguir los avales, pueden servir para eliminar al oponente, por la via de recoger los avales que el o ella podría conseguir, no están abiertos a la ciudadanía y si se requiere un porcentaje elevado se hace imposible acceder a la carrera electoral de las primarias a cualquier candidato que no tenga el apoyo del aparato. Las alternativas son pedir un número de avales limitado (3%) y hacer doble vuelta o un proceso gradual (carrera de primarias) en la que los candidatos necesitan acumular apoyos y se vayan cayendo (como en EEUU).

7) Abiertos a la ciudadanía. Las primarias, si no están abiertas a la ciudadanía, no sirven para trasladar la voluntad democrática de la ciudadanía al partido.

Si se cumplen estas características, las primarias abiertas democráticas pueden ayudar a resolver el problema del cerrado de los partidos a las demandas de la ciudadanía a la vez que fomentan la renovación interna y promueven un enfoque externo, de liderazgo, frente a la fontanería, frente a la primacía de los equilibrios internos.

Por supuesto, en la práctica, ninguna institución es mágica. Los aparatos y la estructuras de poder se adaptan a los cambios y las dinámicas del interés y la lucha por el poder, son intrínsecas a la política, imposibles de desterrar. Pero al final del día, las instituciones pueden lograr mejoras: la ciudadanía tiene así canales de influencia más claros, puede decidir sus candidatos, estos se ven obligados a recoger temas y propuestas con más claridad y, en resumen, avanzamos hacia un sistema con menos controles directos por parte de grupos de élites y, por tanto, un sistema algo más democrático.

En conclusión. ¿Primarias? Sí, si las hacemos bien, si hacemos primarias abiertas y democráticas. Hacer “primarias” que no cumplan los siete puntos que indico pueden, al final, acabar siendo solo una coartada para que sigan tomando las decisiones las élites sin escuchar a la ciudadanía ni a la militancia.

Articles

Dos ideas breves para la izquierda.

In Igualdad, Política on 04/21/2013 by ars²socialis

Hace unos días, Roger Senserrich planteó en Eldiario.es cuatro puntos básicos para la izquierda.

Yo sere más breve. Propongo dos: Más democracia y más igualdad.

Más democracia: más transparencia, más participación de la ciudadanía en los procesos de toma de decisiones, más democracia interna en los partidos, mas democracia a nivel europeo, econonomía al servicio del demos, reforma de las instituciones europeas, especialmente el BCE. Partidos europeos para una democracia europea. Más parlamento, menos consejo de la UE.

Más igualdad: más redistribución de la riqueza, más impuestos a los que más tienen, inversiones para fomentar el empleo de los que no lo tienen, igualdad efectiva ante la ley, que paguen los que tienen que pagar, que entren en la carcel los que tienen que entrar, eliminación de los privilegios de los pocos, aumento de los derechos de los muchos. Justicia. Estado del bienestar europeo garante de la igualdad. Fuera la austeridad.

Este es mi proyecto para la izquierda: más democracia, más igualdad.

Tan sencillo como eso: Más democracia, más igualdad.

Articles

Mentiras y metáforas de la austeridad

In Economía, Política on 04/07/2013 by ars²socialis

En la actualidad, afortunadamente, el concepto de “austeridad” comienza a sufrir una erosión muy notable. Los resultados en la práctica de las políticas de austeridad no dejan lugar a dudas que estamos ante un desastre sin paliativos y que estas políticas son equivocadas. No solo la percepción generalizada va en ese sentido los datos y las investigaciones (como esta de Paul de Grauwe) van en la misma dirección.

Pero para mucha gente, la metáfora de la familia que se aprieta el cinturón y ahorrando sale de la crisis provocada por haberse endeudado demasiado sigue siendo más clara, mas comprensible, que los arcanos argumentos macroeconómicos de los Krugman, Stiglitz, Blanchard o Grauwe. Y es difícil explicar lo terriblemente errónea que es la austeridad entre la gente de la calle, por que intuitivamente, todos entendemos que la manera de salir de un agujero de deuda no es endeudarse más, sino gastar menos hasta que nuestros ingresos consigan pagar o reducir la deuda que hemos asumido. Y es muy difícil luchar contra intuiciones tan fuertes como estas.

Es por esto que propongo un cambio de metáfora, de la metáfora de la familia que se aprieta el cinturón a la metáfora del pequeño negocio.

Supongamos que tenemos un pequeño negocio, una zapatería, por ejemplo. Nos hemos endeudado mucho, por que hemos comprado género malo y ahora, no vendemos mucho y los acreedores (proveedores, bancos) nos muerden los talones: estamos en crisis. Tenemos que mejorar nuestros beneficios (ingresos menos gastos) para pagar la deuda y ante esta situación hay, a grandes rasgos, dos posibles opciones.

Opción 1) Podemos recortar la compra de género, el gasto en publicidad y empleados para que los gastos del mes se reduzcan. De esta manera, reduciremos los gastos.

Opción 2) Podemos apostar por lo contrario, pensar mejor las inversiones, y traer nuevo género, innovar, arriesgar, esperando aumentar nuestros ingresos.

En una situación de crisis, aparentemente la primera opción es mas intuitiva. Compramos menos, ahorramos y pagamos lo que debemos y ya está. Pero claro, si compramos menos… también vendemos menos y por tanto ingresamos menos, por que en un negocio los ingresos dependen, como en cualquier otro sitio, de la inversión que hagamos. Dicho en pocas palabras: considerar la inversión como un gasto, apostar por reducir exclusivamente los gastos en vez de aumentar los ingresos es un error que nos mete en un círculo vicioso. Al reducir ingresos por tener menos material, peor servicio y menos publicidad, los gastos fijos (la luz, el local, el teléfono) nos comen vivos y, de nuevo, tenemos que volver a comprar menos, lo que de nuevo hace que ganemos menos… Es, como veis un circulo vicioso muy similar a lo que estamos viviendo: recortamos estado de bienestar, despedimos funcionarios, deprimimos el consumo y los ingresos, en forma de impuestos, caen. Y de nuevo tenemos que recortar más y más y más.

¿Cual es la solución? La solución es arriesgar, apostar por el futuro, mejorar las inversiones, hacerlas más rentables y aumentar los ingresos. Si nos metimos en esto por que compramos demasiados zapatos “Latere”, que nos decían que eran una inversión segura, lo inteligente es no volver a invertir en “Latere”, intentar otras lineas de productos, otras vías, renovarse, innovar. Luego, por supuesto, hay mucho que hacer mejorando la productividad de los empleados, o reduciendo los gastos innecesarios. Pero todo eso será inútil si no apostamos por algo nuevo, si no invertimos para aumentar los ingresos. En efecto, de una crisis, de un problema, se sale invirtiendo, arriesgando, innovando, mejorando, no recortando.

Esta intuición es algo que no todo el mundo tiene pero sí mucha gente: en un negocio, si quieres salir del agujero, invierte y mejora, pero no recortes lo necesario. 

Y si esta regla tiene sentido en un negocio, en un país mucho más, pues sus ingresos dependen directamente de lo bien que le vaya a sus ciudadanos. Si un país recorta bienestar a sus ciudadanos, está recortando los ingresos del país. Es como si tuviésemos un negocio cuyos productos los compraran principalmente nuestros propios empleados. En un negocio así ¿que sentido tendría despedir gente o rebajarles el sueldo? Eso es, precisamente, lo que está haciendo la austeridad, rebajar el sueldo o despedir a los que pagan impuestos. El resultado para la recaudación del estado no se le escapa a nadie.

Quede claro que todo esto son simplificaciones y metáforas. Ni son exactas ni pretenden serlo. Pero ponen el acento en la importancia de no recortar lo fundamental si se quiere crecer. Volviendo a la metáfora de la familia, si quieres que tus hijos tengan un futuro, no sacas dinero para pagar a tus deudores recortando la comida de tus hijos hasta que se mueran de hambre, buscas un nuevo trabajo, buscas un trabajo mejor pagado, buscas aumentar tus ingresos, no recortas lo que no se puede recortar.

En resumen, como dice George Lakoff, las metáforas están cargadas de ideología. Ninguna metáfora es exacta, (de hecho, como dicen en Ciudad K, las metáforas son mentira). Eligiendo las metáforas elegimos los múltiples mensajes que se envían con ellas. Y si, pocas cosas han hecho más daño que la falaz metáfora de la familia que se aprieta el cinturón.

Porque es mentira.

Articles

El deber de la socialdemocracia: Politizar Europa hacia/desde la igualdad

In Política on 03/29/2013 by ars²socialis

La socialdemocracia es uno de los pilares de Europa. Creadora, promotora y gestora del estado del bienestar, del modelo social europeo, en muchos países de la UE, la socialdemocracia apostaba por un modelo de capitalismo “de rostro humano”, de mercados al servicio del bienestar colectivo. El problema ha sido la praxis.

Durante el proceso de construcción europea, la socialdemocracia ha ido aceptando diferentes corsés: ideológicos, en forma de principios o valores liberales económicos; e institucionales, en forma de instituciones políticas y económicas que limitan la capacidad del estado de intervenir en la economía, entronan las políticas de control de la inflación, y limitan la transparencia democrática y la rendición de cuentas. Corsés que, en definitiva, apuestan por una Europa de élites, entendida casi exclusivamente como un mercado libre, en vez de una Europa que apuesta por una igualdad real, económica y social, de sus ciudadanos. Y hemos de reconocer desde la socialdemocracia que, con la progresiva aceptación de estos corsés, hemos colaborado a establecer las condiciones que han generado la crisis económica y política que estamos viviendo.

Ante esto, hay dos caminos para la izquierda. El primero, el más tentador, es el de la vuelta, temerosa y precipitada, a un estado nación que ya no sirve para proteger al ciudadano frente a los mercados y la desigualdad, una renuncia, una salida del euro o de la UE, que se propone desde el cortoplacismo político y la falta de conocimiento de la realidad histórica de la UE. El segundo camino es el que apuesta por reformar y renovar la Unión Europea, hasta recuperar el protagonismo del valor socialdemócrata de la igualdad, de la protección de la ciudadanía y de la redistribución de la riqueza, del estado como regulador de la economía. Asumir este camino supone ser mucho más claros y valientes sobre qué es lo que defendemos: una mayor igualdad real, una mayor igualdad de poder, económica y social, entre los ciudadanos y países de la UE.

Muchas veces, Europa se muestra como ejemplo de igualdad frente al modelo de EEUU. La igualdad en Alemania, Finlandia o Suecia, se dice, es mucho mayor que la igualdad en EEUU, un país con unos niveles intolerables de desigualdad. Lo que no se dice es que, en realidad, si consideramos Europa como un solo país, la desigualdad de nuestra Unión Europea es similar, incluso mayor, a la de Estados Unidos, con el agravante de que no contamos con instituciones federales encargadas de reequilibrar esas desigualdades estructurales.

Esta falta de igualdad entre países y ciudadanos, además, está en el centro de las causas de la crisis. Son los choques asimétricos , provocados por las desigualdades económicas entre países, abandonadas a la gestión del libre mercado, lo que han provocado las tensiones con el Euro y la exigencia de austeridad que ahora arrasa la periferia de Europa. El Euro, lejos de servir para igualar a los países, ha servido para acentuar las diferencias de competitividad e inflación, ha fomentado una llegada descontrolada de capitales a los países del sur que ha generado burbujas especulativas que, al estallar, han golpeado con una austeridad insensible al sufrimiento de las poblaciones. Sin transferencias o política industrial, de competitividad, unificada, solo con austeridad, la desigualdad crece hasta hacer saltar las costuras de la Unión Europea.

Ante esta amenaza que es la desigualdad, los socialdemócratas tenemos que apostar por ser los defensores de otro modelo, un modelo en favor de la solidaridad, un modelo en favor de las transferencias, de los derechos, de la justicia social. Para priorizar la competitividad y la libertad económica, ya está la derecha, que bien sabe que priorizar esos discursos benefician a los suyos, a los que más tienen. La socialdemocracia debe apostar por defender a los que más sufren por el poder libre del mercado y, para ello, debe apostar por la igualdad de oportunidades (previa, distributiva) y sobre todo por la igualdad real y efectiva (final, redistributiva).

En la Unión Europea, especialmente en el parlamento Europeo y en el Consejo de la Unión Europea, entre otras muchas, hay dos divisiones centrales, presentes entre familias políticas y entre estados. Una división ideológica, clásica, entre izquierda y derecha, entre más intervención en la economía y más liberalismo y otra división, entre más y menos Europa, entre más “armonización” (igualdad legal europea) hacia un federalismo europeo, y menos Unión Europea, más intergubernamentalización.

Los socialdemócratas debemos actuar desde estas claves. Debemos aunar, reforzándolos, estas dos divisiones, izquierda y federalismo, para que quede patente que es la izquierda política la que apuesta por más Europa, más igualdad, más regulación de la economía, buscando, en especial, alianzas con los países del este en favor de políticas europeas más redistributivas. Para que el proyecto político socialdemócrata europeo sea distinguible, nuestro proyecto solidario, igualitario, federal, ha de contraponerse con claridad al proyecto de la UE conservador, de derechas, liberal económico, que pretende libertad de mercado sin buscar ni igualdad entre los países ni entre ciudadanos y sus derechos, derechos entendidos no solo como leyes, sino también como protección del estado frente a la adversidad, como derecho al bienestar.

La izquierda europea debe ser claramente europeista e igualitaria, frente a una derecha economicista e intergubernamentalista.

Este es el reto: lograr proyectar esta realidad para politizar el ámbito europeo, generando a través de esta división clara entre visiones de Europa, una ciudadanía política europea, un demos, que elija entre una visión de futuro solidario y una visión de individualismo liberal economicista.

Articles

¿Igualdad de oportunidades o igualdad real?

In Igualdad, Política on 01/07/2013 by ars²socialis

Ayer tuve un pequeño debate por email con una compañera del Movimiento por la Escuela Pública, Laica y Gratuita sobre el concepto de igualdad. Todo surgió alrededor de una referencia a la igualdad como uno de los valores fundamentales que garantiza la educación. Me planteo si no era mas correcto hablar de “igualdad de oportunidades” que de “igualdad” a secas y nada, yo que le llevaba dando vueltas a este tema un tiempo, le solte una soberana chapa.
Releyendo lo que le escribí (a veces argumentar y escribir fija como no hace ninguna otra cosa tus pensamientos) me surgió la necesidad de escribir algo sobre la igualdad así que aquí me pongo.
Antes de nada, perogrullo. El concepto de igualdad es un concepto muy complejo y discutido. Es uno de los conceptos básicos de la ciencia política incluso antes de que existiera como tal. Ya los griegos y romanos discutían sobre la libertad y la igualdad (Cicerón las consideraba dos caras de la misma moneda), pero no pretendo hacer aquí una regresión histórica del concepto. Si, en cambio, os puedo recomendar un libro que hace precisamente eso. El libro se llama “La sociedad de los iguales” de Pierre Rosanvallon y es altamente recomendable en ese aspecto de revisión histórica del concepto, aunque no acabe de rematar con su propuesta alternativa.
Para empezar con la igualdad, decir que el debate es amplio por que cada uno de nosotros habla de cosas diferentes cuando hablamos de igualdad. Esto es así por que la igualdad puede ser de diversas formas en su puesta en práctica (de partida o inicial, de resultados o final) o en los temas que aborda (igualdad legal, igualdad social, igualdad económica, igualdad de trato, igualdad educativa). Para terminar, es muy importante notar que en la mayoría de los temas (salvo quizá la igualdad legal) cuando hablamos de igualdad no hablamos de igualdad en el sentido matemático, igualdad absoluta, equivalencia total… sino mas bien una tendencia, una similitud, una equivalencia, una aspiración. Cuando decimos que queremos igualdad entre hombres y mujeres nadie quiere que tengamos exactamente los mismos trabajos repartidos de la misma exacta manera y que los hombres se queden embarazados: todo eso es irreal y absurdo y esta reducción al absurdo de la igualdad, caricaturizándola como  uniformidad, es algo que se suele utilizar a menudo para desacreditar su búsqueda, arguyendo que promoverla elimina la meritocracia o que, simplemente, es imposible o indeseable alcanzarla.
Luego, es claro que en un concepto normativo como la igualdad, hay preferencias. En mi caso, mi preferencia es hacia la igualdad final, de resultados. Sirve de bien poco dar igualdad ante la ley si, al juzgar, el resultado final beneficia reiteradamente a un colectivo, sea por prejuicios de los jueces, mas recursos económicos y legales, o lo que sea. Lo que me interesa es que haya igualdad real, final, igualdad real y efectiva, no basta con algo inicial, nominal.
Este asunto es fundamental y en el esta la base de mi crítica al concepto de igualdad de “oportunidades”. La igualdad final pretende que, al final, las personas sean mas iguales, tengan similares recursos, los mismos derechos o equivalentes, el mismo poder, en suma. Esto es, al final, lo que creo que resume el valor positivo de la igualdad: pretender que las personas tengan, todas, el mismo poder o, por lo menos poder similar. Como decía Jean Jacques Rousseau, “La verdadera igualdad no reside en el hecho de que la riqueza sea absolutamente la misma para todos, sino que ningún ciudadano sea tan rico como para poder comprar a otro y que no sea tan pobre como para verse forzado a venderse. Esta igualdad, se dice, no puede existir en la práctica. Pero si el abuso es inevitable, ¿quiere eso decir que hemos de renunciar forzosamente a regularlo?”
Es importante entender también qué requiere, por tanto, la igualdad. Si definimos la igualdad, la verdadera igualdad, como un resultado, como algo final, entenderemos que una acción concreta en un momento concreto no puede ser suficiente para alcanzarla. La igualdad real es una tarea constante: a cada momento, las estructuras y dinámicas sociales, el azar, las organizaciones y las personas, actúan para desequilibrar las cosas, actúan para buscar reproducir las desigualdades existentes, crear otras nuevas, infligen enfermedad o infortunio, buscan el poder, la “ventaja competitiva sostenible”, la riqueza… Digamos que en ausencia de una lucha constante contra ella, hay una tendencia hacia la desigualdad, hacia su reproducción y hacia su aumento. El paro, la enfermedad, la pobreza… todo eso son situaciones en las que se puede caer, en cualquier momento, que están más allá del control del individuo. Es por eso que luchar contra la desigualdad no es una tarea que finalice con una acción o garantizando una oportunidad. Es una tarea continua, persistente, insistente, que ha de evaluar la situación y los mecanismos que producen desigualdad, para reducirla y limitarla lo más posible, garantizando derechos, mas que oportunidades. Garantizar la igualdad no solo requiere ofrecer condiciones iniciales objetivamente iguales o, incluso, adaptadas a los individuos, requiere redistribución y requiere derechos. Requiere, como apuntaba Marx, “a cada uno según su necesidad y de cada uno según su posibilidad”, que se de a cada uno lo que necesite y se requiera a cada uno según pueda aportar al común social. Por tanto, la igualdad es una tarea continua.
Teniendo en cuenta todo esto y yendo al corazón de lo que es, para mi, la igualdad, me gustaría definirla, apoyándome en Weber (poder es la probabilidad de que un actor dentro de un sistema social esté en posición de realizar su propio deseo a pesar de las resistencias) y Dahl (A tiene el poder sobre B en cuanto pueda lograr que B haga algo que B no haría de otra manera), como una aspiración a una igualdad final de poder, una igualdad real y efectiva. Aspiración, por que es un deseo, una utopía, un trabajo continuo. Igualdad final, de resultados, por que la igualdad es real y efectiva o no es igualdad. Igualdad de poder, por que el poder resume la economía, la discriminación social, las desigualdades físicas y un largo etc. Igualdad de poder, igualdad de poder hacer lo que quieres hacer, igualdad (o por lo menos no una desigualdad insoportable) entre tu poder y el poder de otros. Vamos, la ya citada frase de Rousseau  lo deja claro: que nadie pueda hacerte esclavo y que tu no puedas hacer esclavo a nadie.
[Es interesante notar que este concepto de igualdad de poder, de capacidad de hacer (similar a como lo define Amartya Sen, que lo define de manera bastante mas restrictiva como “igualdad de capacidad”) puede ser interpretado también desde la libertad (igual libertad de hacer), lo que atestigua la estrecha relación entre los conceptos de igualdad y libertad. Igualdad de poder es igualdad en la libertad de hacer, misma libertad para todos de poder hacer lo que desean, al no estar sometidos al poder de nadie, todos tienen la misma libertad y por tanto igualdad. Eso sí, el problema de priorizar la libertad para llegar a esta igualdad de poder, hacerlo desde la libertad en vez de la igualdad es que, al final, se promueve el poder del individuo y genera lo contrario de lo que busca: genera más libertad para unos pocos, pero menos para la mayoría. Pero no nos desviemos.]
Una vez tenemos claro qué es la igualdad (aspiración a una igualdad final de poder), aclaremos que es la tan traída y llevada “igualdad de oportunidades”. Hay que empezar diciendo que la “igualdad de oportunidades” es un concepto liberal, de derechas. Aunque esto sorprenda a muchos, es cierto: en EEUU, los republicanos defienden que ellos apoyan la igualdad de oportunidades, pero no la “igualdad de resultados”. Hay que entender por qué esto es así: Dentro del concepto de igualdad de oportunidades, cabe la desigualdad de resultados e, incluso, es justificable. Del revés, dentro del concepto de igualdad, entendido como igualdad final de poder, igualdad real y efectiva, la desigualdad de resultados, final, es simplemente indeseable, imposible. Por tanto, la derecha, que es consciente de que la “igualdad de oportunidades” en realidad, no exige la igualdad real, está dispuesta a apoyar y asumir este concepto de igualdad al ser un concepto reducido, castrado, limitado. O dicho de manera más simple, la igualdad de oportunidades (igualdad inicial) es una condición necesaria de la verdadera igualdad, la igualdad real y efectiva, pero no suficiente. No es suficiente con ofrecer las mismas “oportunidades” a la población, en un momento puntual (por ejemplo, en la educación, o en una oposición) y pretender, así, que ya hay igualdad. La igualdad debe ser final, o sea, un trabajo continuo de redistribución, en la búsqueda de más justicia social: al final, en el resultado, debemos tener una sociedad más igualitaria, una sociedad con menores desigualdades.
Pero ¿que es la igualdad de “oportunidades”? En realidad, no está claro y no lo está por que el termino “oportunidades” es un termino bastante ambiguo, inconcreto, abierto a la interpretación oportunista (nunca mejor dicho). La RAE define “oportunidades” como “Sazón, coyuntura, conveniencia de tiempo y de lugar.” Hay también quien intepreta las oportunidades como “posibilidades”. Como vemos, es difícil concretar qué es la “oportunidad”. ¿Es una posibilidad que se ofrece? ¿Es un momento o lugar concreto, que permite algo? No es claro. Entre los partidos políticos, hay por lo menos dos interpretaciónes de las “oportunidades”, una extensiva, que pretende plantear una igualdad de múltiples oportunidades como suficientes y otra interpretación mas restrictiva, que plantea las oportunidades como “coyunturas, como conveniencias de tiempo y de lugar”, como acciones concretas que abren puertas en momentos vitales discretos, concretos, puntuales.
En la primera interpretación, una interpretación extensa de la igualdad de oportunidades, garantizar esa igualdad de oportunidades pretendería garantizar que todos tuviesen las mismas oportunidades para tener vidas similares, por la vía de ofrecer herramientas y recursos, según la necesidad de cada uno. Para ello, se utilizaría principalmente la formación, que lograría que todas y todos pudiesen, en función de su esfuerzo y mérito, (meritocracia), alcanzar la riqueza o mejorar la clase social. Es importante notar que este planteamiento no cuestiona la existencia de la desigualdad final y que, de hecho, aunque parezca contraintuitivo, la legitima: si la desigualdad se produce tras que haya habido igualdad de oportunidades, esa desigualdad esta justificada por la mala cabeza o falta de esfuerzo de aquellos que no aprovecharon sus oportunidades, omitiendo elementos como la mala suerte o en muchos casos, aspectos sociológicos estructurales: en la sociedad actual, quedar en el paro no depende de uno mismo. En cualquier caso, no es una igualdad final, continua, es una igualdad inicial, en momentos concretos, especialmente en la juventud. Incluso la interpretación más extensiva de la igualdad de oportunidades, manejada en los partidos de izquierda socialdemócratas, una igualdad de múltiples oportunidades, una oferta reiterada de “oportunidades” al individuo, está circunscrita normalmente al ámbito educativo. Pero desde este planteamiento (recordemos, el más extenso) de la igualdad de oportunidades, la redistribución o reequilibrio posterior de la desigualdad producida por el no aprovechamiento de las oportunidades o la simple mala suerte, no es una exigencia. Aunque si cabe la intervención para proporcionar mismas oportunidades y esta se hace, normalmente, vía la redistribución (via impuestos), la intervención redistributiva final no esta mandatada dentro del concepto: recordemos que se buscan la mismas oportunidades, no el mismo resultado. La consecuencia de este enfoque es que la izquierda, inadvertidamente, abandona el concepto de redistribución y de igualdad real, en los hechos, en la práctica. Se apuesta por generar condiciones que favorezcan la igualdad, si, pero se renuncia a intervenir contra la desigualdad que ya se ha producido. Es una batalla desigual: mientras que las fuerzas de la desigualdad actuan en todo momento, antes y después, la izquierda socialdemócrata que asume la “igualdad de oportunidades” y por tanto se compromete a intervenir solo al principio y, luego, si hay desigualdad, esta se asume inevitable. Es de este suelo ideológico de donde surgen afirmaciones, ya trágicas, como la de que “bajar los impuestos son de izquierdas”: si la redistribución no es deseable ni prioritaria, si, como apuntan algunos hay que generar las condiciones (igualdad inicial), o “hay que intervenir en el gasto, pero no en la recaudación” (justicia distributiva, no redistributiva), el resultado es que la desigualdad real, la de poder, la efectiva, se reproduce y crece. Podemos decir, sin miedo alguno que la apuesta por la igualdad de oportunidades es una opción estratégica de la derecha que ha funcionado muy bien, pues ha logrado debilitar muchísimo a la izquierda, al no encontrar suelo firme sobre su valor fundamental, la igualdad. Al aceptar una versión rebajada, de la igualdad,  la igualdad de oportunidades, cuestionamos implícitamente los impuestos redistributivos y el objetivo fundamental de la izquierda, la justicia social y la igualdad real.
Y si esta interpretación extensiva esconde aspectos negativos, la interpretación más liberal, más procedimental de la igualdad de oportunidades sirve, principalmente, para legitimar la desigualdad y el mercado. En esta interpretación, las oportunidades son simplemente momentos, coyunturas, conveniencias de tiempo y lugar en un sentido estricto. La igualdad de oportunidades estaría, así, cercana a la igualdad legal: se ofrecen las mismas oportunidades, la misma formación, los mismos exámenes, las mismas pruebas, a toda la población. No hay interés en el reequilibrio, ni siquiera en la justicia distributiva, la igualdad inicial: basta con dar lo mismo a todos los niños, formarles de manera similar y que todos tengan las mismas oportunidades para aprobar e ir a la universidad. Asi interpretado, es un concepto profundamente elitista que no solo legitima la desigualdad final (todos tuvieron las mismas oportunidades), sino que niega la intervención educativa personalizada en la búsqueda de reequilibrar la situación de partida de todos los niños, niega la igualdad inicial. O dicho de otra manera: dentro del concepto de “igualdad de oportunidades” cabe, perfectamente, una interpretación restrictiva de la igualdad, de hecho, directamente contraria a la igualdad real y efectiva, una interpretación que legitima no solo la desigualdad final sino la desigualdad inicial.
No se si habrá otras interpretaciones de la “igualdad de oportunidades” pero creo que estas dos son las más extendidas, la primera entre los partidos socialdemócratas y la segunda entre los partidos liberales (de derechas) y, como vemos, ambas interpretaciones dejan claro varias cosas:
1) Que la igualdad de oportunidades no incluye redistribución posterior y continua.
2) Que la igualdad de oportunidades es (o tiende a ser) discreta, en momentos puntuales, sobre todo al principio.
3) Que la igualdad de oportunidades permite, sin incoherencia, una desigualdad real y efectiva posterior, permanente: no le preocupa la desigualdad final.
4) Que la igualdad de oportunidades, de hecho, legitima la desigualdad posterior de los que no “aprovecharon” sus oportunidades.
O dicho de otra manera, dentro del concepto de “Igualdad de oportunidades” no cabe, no puede estar incluida, la igualdad real y efectiva. En efecto, sin redistribución posterior, sin acción reiterada (y no solo discreta) y legitimando desde las “oportunidades” la desigualdad, no se puede lograr la verdadera igualdad, esa aspiración a una igualdad final de poder. Por tanto, la igualdad de oportunidades, no incluye la igualdad real, pero, del revés, la igualdad si incluye la mayor parte de aspectos de la igualdad de oportunidades. De hecho, se puede afirmar que la igualdad de oportunidades, como también la igualdad legal, son condiciones necesarias, pero no suficientes, para alcanzar una verdadera igualdad. Si las personas no tienen las mismas oportunidades educativas o el mismo trato ante la ley, la igualdad es imposible, pero garantizar estas igualdades no basta.  Además de garantizar igualdad de trato, legal o de oportunidades, se requiere que exista redistribución de la riqueza y el poder, para evitar que la desigualdad se enquiste y crezca. En resumen, la igualdad de oportunidades es un caso particular de la igualdad, necesario, pero no suficiente, para la igualdad real y efectiva.
En conclusión, creo que es evidente la trampa conceptual que gran parte de la izquierda ha asumido, por querer presentar como más vendible la igualdad. Debido a la incapacidad de defender un concepto fuerte de igualdad como por ejemplo esa aspiración a la igualdad final de poder que propongo, la izquierda ha asumido un concepto limitado que, en el fondo legitima la desigualdad. No se puede haber cometido error estratégico mayor. Sin un concepto fuerte como base real de la izquierda, un concepto que incluya distribución y redistribución, la izquierda pierde los impuestos, pierde el estado en favor del mercado y pierde la necesidad de defender la igualdad final, encogida entre la legitimación que las oportunidades ofrecen.
Hay que repensar la igualdad. Comencemos ya.

Articles

¿Cui Bono?

In Igualdad, Política on 07/23/2012 by ars²socialis

Ante una situación compleja, ante un crimen que no se puede resolver, ya Cicerón aconsejaba buscar al beneficiario del crimen. ¿Cui bono? ¿Cui Prodest? ¿Quien gana con el crimen? Busquemos quien gana  con esta estafa, con este crimen que llaman crisis y encontraremos a sus responsables, por acción u omisión, a los que han creado las condiciones, a los que quieren que se mantengan porque ganan, día a día, con esta situación.

¿Cui bono? ¿Quién gana?

Para hablar de ganadores en España, debemos empezar por los bancos (que no las cajas).  Las entidades bancarias, principales beneficiarias de la burbuja inmobiliaria, no solo han logrado durante la crisis acabar con la competencia de las cajas (a las que temían por que podían comprar acciones de bancos), sino que han obtenido financiación y rescates por parte del estado. Es cierto que se han aumentando las exigencias de liquidez a los bancos y eso ha hecho disminuir los beneficios en 2010 y 2011, pero las cifras, siguen mareando (8290 millones de € de beneficio) y, en caso de perdida, el estado esta ahí para rescatarlas como en el caso de Bankia.

En segundo lugar las grandes empresas. Durante la crisis, han logrado una clara degradación de la legislación laboral, que beneficia sus intereses. En efecto, la reforma laboral permite la reducción de salarios, el despido con mayor libertad, pasando de 40 a 33 dias, limitando las bajas por enfermedad, habilitando el despido procedente en caso de caída (o futura caída) de los beneficios y un largo rosario de barbaridades que hace, a día de hoy, que los empresarios puedan despedir y recontratar a la gente por una porción de su sueldo. Es una estrategia deliberada y se conoce como “devaluación interna“: bajar sueldos y subir impuestos para, teóricamente, ganar competitividad sin devaluar la moneda. Además, el tipo impositivo efectivo en las grandes empresas sigue siendo uno de los más bajos de Europa: la maraña de deducciones y chiringuitos hace que paguen mucho menos que cualquier persona física, alrededor del 10%. Y si nos fijamos en qué grandes empresas ganan más (50.000m€ en 2011, un 22% más), las grandes eléctricas se llevan la palma: mientras aumenta salvajemente el precio de la luz (70%), las eléctricas aseguran estar perdiendo dinero y afirman que el estado les debe 24000 millones de € en un “déficit tarifario”, que no deja de aumentar y que, por cierto, está transferido a los bancos.
Pero podríamos afinar más. Ni siquiera son las grandes empresas o los bancos los ganadores, sino sus dueños, o, más bien, los altos directivos. Solo durante este último año de la crisis los grandes directivos del IBEX han ganado un 5% más. Una subida de sueldo, en plena crisis: la cosa va viento en popa para este puñado de afortunados que ganan de media 7,5 millones de euros anuales, 30 veces el sueldo del político mejor pagado del país (María Dolores de Cospedal) y 750 veces el SMI. ¿A alguien le sorprende que no quieran cambiar nada? Sí, las ventas se hunden, sus bancos reducen beneficios, pero ellos ganan más que nunca. El precio de las acciones en el IBEX es la única amenaza: ante la primera compra de una gran empresa o banco español, saltarán todas las alarmas, pero por ahora, ellos siguen ganando. Más posibilidades de negocio degradando los derechos laboralessubidas de impuestos que no les afectan directamente (el IVA lo paga el usuario final),  fondos de inversión que siguen funcionando, los paraísos fiscales no se han tocado, la deuda de sus bancos la asume el estado, se promueve una amnistía fiscal a los que pueden defraudar y no hay impuesto para grandes fortunas. Son los ganadores netos de esta crisis, pues su poder y riqueza, crecen, de manera neta y comparativa.
Si analizamos el entorno internacional, en una Europa que se hunde en la crisis, hay quien flota encima de nosotros. No es un secreto que hay países que ven como sus bonos país disminuyen mientras los nuestros aumentan. O dicho de otra forma: que hay países que se financian mas barato por que nosotros nos financiamos mas caro. Es el caso de Alemania, por ejemplo, principal defensora de las políticas de austeridad (para el sur) que, de nuevo, le benefician. Alemania no desea inflación (que devalue sus prestamos) ni quiere eurobonos (que harían mas cara su financiación) ni quiere intervención del BCE (que evitaría la presión sobre el sur). Alemania, que aporta 9229 millones de € a la UE y se ahorra 10.000m€ en bonos país por la especulación actual, se siente harta de poner dinero, pero en realidad es ganadora neta: las políticas económicas de la eurozona son las que benefician a Alemania y a sus bancos, a costa del sur. Que para Alemania es muy rentable pertenecer a la UE no lo digo yo: según Sigmar Gabriel , líder del SPD, Alemania ha ganado con la UE 556.000 millones de €. En realidad, la estrategia de forzar rescates país sirve, principalmente, para que los países del sur asuman la deuda de sus sistemas financieros que, a su vez, deben dinero a los bancos alemanes que, a su vez, compran deuda alemana. Puesto de manera simple: Alemania transfiere su deuda y la deuda de sus bancos hacia los países del sur, a través del control del BCE, de los rescates y de las políticas del eurogrupo.
Estos son los ganadores netos: Bancos, banqueros, grandes empresas, ejecutivos y Alemania. En un momento de hundimiento, todos ellos se mantienen o mejoran, sobre las espaldas de una mayoría de la población. Si analizásemos esto desde la clase podríamos asegurar que, en efecto, los ricos se hacen mas ricos y los pobres mas pobres, como podemos ver en varios artículos, pero es importante detallar quienes son esos ricos y quienes esos pobres.
¿Cui malo? ¿Quién pierde?
Resumidamente, pierden los mas pobres, sean países o colectivos.
En primer lugar, pierden los países del sur. No hace falta exponer las cifras de paro, la disminución de los derechos sociales, la bajada del PIB o el deterioro de sus democracias intervenidas para que esto sea evidente.
En segundo lugar, pierden los mas pobres. El recorte en educación o sanidad, así como la subida del IVA afecta, principalmente, a los mas pobres. La retirada del subsidio de 400€ a parados de larga duración, va en la misma dirección, así como la reforma laboral. Las perdidas, las encabezan los mas pobres en efectos sobre su calidad de vida, su salud, su economía.
En tercer lugar, pierde la clase media. Los recortes en desempleo, sanidad y educación, así como el IVA les afectan directamente también a ellos sobre todo por que el paro se ceba también en estas clases. Los funcionarios, muchos de clase media, ven como sus ingresos se reducen en un 19,9% tras sucesivos recortes. Los autónomos sufren una crisis de ventas salvaje y se les aumentan las cotizaciones a la seguridad social. Y lo mas importante, la subida del IRPF, aunque progresiva, afecta principalmente a la clase media, no a las clases altas que tienen capacidad de eludir impuestos de manera masiva y legal.
Curiosamente, hay un grupo difuso, que incluye gente de diversas clases, principalmente de clase media, los políticos, que pese al discurso dominante, han perdido también durante esta crisis. Durante la crisis, se han reducido un 36% las subvenciones a partidos políticos (en dos tandas del 20%). El sueldo de los parlamentarios, que no dejan de ser unos privilegiados, se ha reducido de manera similar al de los funcionarios. Para terminar, se ha decidido recortar un 30% de concejales (90% de los cuales no cobraba sueldo) y los discursos sobre la eliminación de instituciones políticas y políticos se multiplican. Si analizamos su capacidad de intervención, su relevancia, su poder, comprobamos que los presupuestos decrecientes, los discursos antipóliticos, las intervenciones desde Europa y la globalización, han reducido drásticamente el poder de los políticos nacionales. No se puede decir, en ningún caso, que los políticos de alto nivel vivan mal, pero si que como grupo, los políticos han empeorado. Se podrá argumentar que tienen muchos privilegios o que hay que reducir su poder, pero no que ganen con la crisis: es obvio que la crisis les esta perjudicando y ahora tienen menos dinero y sobre todo, menos poder.
En el caso de los sindicatos, sucede algo similar: recortes del 36% de las subvenciones y reducción de liberados sindicales, por no hablar de que la reforma laboral les elimina de la negociación colectiva en muchos casos. De nuevo, menos dinero y menos relevancia, como grupo.
Resumiendo: los principales ganadores de la crisis son, por este orden, los directivos de grandes empresas y bancos, Alemania, los bancos y las grandes empresas, especialmente en España, las grandes eléctricas.
Los perdedores, la clase baja, la clase media y también, si, los políticos y los sindicatos: los datos están ahí.Volvemos al principio. ¿Cui bono? ¿Quién tenia poder para producir, voluntaria o involuntariamente, esta crisis, esta burbuja inmobiliaria y financiera? ¿Quién se beneficia de ella? ¿Quién tiene los recursos para aumentar su poder y riqueza en estos momentos?
Los que provocaron la crisis con la burbuja inmobiliaria, los derivados financieros y la arquitectura del euro, los que se benefician de la crisis, ganan. ¿Cuándo vamos a ser capaces de reclamar, con fuerza, a los poderes del estado, que limiten el poder de las grandes empresas, de los banqueros, que introduzcan impuestos que les afecten, que se redistribuya la riqueza, que se cambie la estructura institucional de Europa para que un país no pueda imponer su beneficio particular?
Centrar el debate en quienes ganan es necesario, ya que nos permite saber qué se tiene que hacer para redistribuir y quiénes son los que no quieren cambiar una situación por que les beneficia.
Si siguen ganando a nuestra costa ¿por qué van a hacer que termine la fiesta?